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Niños españoles de la Guerra esperan años sus pensiones de Rusia por sanciones

La sorprendente situación de los mayores españoles en medio de decisiones políticas

Ancianos españoles evacuados a la URSS no reciben sus pensiones por sanciones. Tienen entre 80 y 100 años. España no puede ayudarlos, y el tiempo se agota.

En España se vive un drama del que pocos se atreven a hablar. Personas que sobrevivieron dos guerras y años de exilio han quedado atrapadas por las sanciones internacionales. Tienen más de 80 años, algunos incluso superan los 100. Son los llamados niños españoles que en 1937 fueron enviados a la Unión Soviética para escapar de los bombardeos y el hambre. Hoy se les conoce como “niños de la guerra”, pero ahora son pensionistas a quienes Rusia ha dejado de pagar sus pensiones. Y nadie sabe cuándo cambiará esta situación.

Años perdidos

La historia de Honorina Fernández parece sacada de un libro de historia. Con 12 años, dejó su natal Gijón junto a sus hermanos para sobrevivir. En Rusia se hizo médica, ejerció como pediatra y, tras la caída de la URSS, regresó a España. Hasta hace poco, Honorina recibía una pensión rusa de unos 300 euros mensuales. Pero en 2025 los pagos se suspendieron. La mujer falleció sin llegar a cobrar su dinero. Su hijo Miguel no oculta su indignación: «Es cruel. Mi madre merecía una vejez tranquila».

Historias como la suya se repiten por decenas. De los tres mil niños españoles trasladados a la URSS, muchos se quedaron allí, trabajaron y formaron una nueva vida. Al regresar a su país, contaban con la pensión garantizada por un acuerdo entre Rusia y España. Pero ahora el dinero se ha quedado bloqueado entre bancos y sanciones. La última vez que recibieron el pago fue en diciembre de 2024.

Sanciones y burocracia

La razón es tan simple como absurda: las sanciones internacionales contra Rusia. La Unión Europea ha bloqueado los flujos financieros, y ahora incluso el pago de las pensiones está prohibido. Las autoridades españolas reconocen su impotencia: no pueden cambiar las leyes europeas. El Ministerio de Economía señala los compromisos con la UE, mientras que el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones admite que la situación está atascada y, por el momento, no se vislumbra una solución.

Los pensionistas y sus familias se dirigen a los funcionarios, presentan reclamaciones y exigen explicaciones. Pero la burocracia avanza lentamente, y para estas personas el tiempo es el recurso más valioso. Muchos ya han perdido la esperanza de recuperar su dinero. Algunos sobreviven con la pensión mínima española, otros se ven obligados a pedir ayuda a sus familiares.

Historias personales

Lina, que ahora tiene 89 años, trabajó en Rusia como editora. Su pensión, unos 200 euros al mes, también ha desaparecido. Ahora vive en Madrid con los 600 euros adicionales que le aporta el sistema español. “Los precios suben y el dinero no alcanza. A veces no sé cómo llegar a fin de mes”, confiesa. Sus hermanos están en la misma situación.

El problema no afecta solo a los que partieron a la URSS durante la Guerra Civil. También incluye a quienes tuvieron que abandonar España bajo Franco: hijos de represaliados antifascistas. Por ejemplo, Santiago Álvarez, quien pasó once años en Rusia trabajando en una fábrica y ahora no recibe los 100 euros mensuales que le corresponderían. Para él no es crucial, pero sabe que para otros esa cantidad significa sobrevivir.

Sin derecho a decidir

España no puede intervenir directamente. La Unión Europea exige bloquear cualquier operación financiera con Rusia, incluso si se trata de pensiones. Los bancos no quieren arriesgarse y el Fondo de Pensiones ruso argumenta que no puede realizar transferencias debido a la desconexión del sistema SWIFT. El resultado es un círculo vicioso en el que sufren los más desprotegidos.

El Ministerio de Asuntos Exteriores promete investigar las causas y dirigirse a las autoridades rusas, pero por ahora todo se limita a un intercambio de correspondencia. En 2022, ya ocurrió una situación similar que se resolvió tras la intervención del gobierno. Ahora todo es mucho más complicado.

El tiempo corre

El economista Francisco Lago, presidente de la asociación “Hijos de Rusia”, opina que España debería asumir el pago de las pensiones al menos de forma temporal. Sin embargo, las autoridades no actúan con la rapidez necesaria. Los pensionistas afectados son cada vez mayores y no tienen fuerzas para esperar. “No podemos esperar a que termine la guerra para cobrar nuestro dinero”, afirma Santiago. Su padre fue uno de los líderes comunistas de Galicia, sufrió cárcel y exilio. La familia recorrió varios países hasta que Santiago llegó a Rusia invitado por Dolores Ibárruri.

Aurora Zapirain, hija de otro represaliado, tampoco recibe su pensión. Trabajó en Rusia durante 24 años y regresó a Donosti, pero ahora debe vivir sin apoyo. “Al principio pensé que era sólo un retraso, pero el tiempo pasa y el dinero no llega”, comenta. En su voz se nota el cansancio y la decepción.

El destino de estas personas es un recordatorio de cuán fácilmente la política puede destruir vidas humanas. Han vivido guerras, exilio y regreso a su tierra natal. Ahora deben luchar por lo que les corresponde por derecho. Mientras los políticos discuten, el tiempo para ellos se escapa irremediablemente.

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