
Durante el último año se registraron repetidos fallos técnicos en el tramo de alta velocidad entre Adamuz y Villanueva de Córdoba. Estos incidentes, relacionados principalmente con el sistema de señalización, fueron objeto de debate a nivel institucional incluso antes de la tragedia ferroviaria con dos trenes involucrados. A pesar de los informes regulares sobre las anomalías, la situación no experimentó cambios sustanciales, lo que acabó derivando en una catástrofe que conmocionó a toda España.
El operador ferroviario Adif informó en varias ocasiones a la ciudadanía sobre las incidencias detectadas. Entre las más frecuentes figuran averías en el sistema de señalización, además de casos puntuales de daños en la catenaria y en la infraestructura. Las dudas sobre la seguridad en este tramo ya se plantearon en el Senado durante el verano pasado, cuando representantes de la oposición alertaron sobre posibles riesgos para los pasajeros.
Dudas sobre la seguridad
En el Senado se analizaron dos incidentes graves que afectaron directamente a los sistemas de señalización. El primero ocurrió en el viaducto El Valle, donde altas temperaturas y vibraciones generadas por el paso de los trenes provocaron el contacto entre dispositivos de expansión y los raíles. Para solucionar la avería, se movilizó un equipo especializado que ejecutó trabajos en el marco de las labores de mantenimiento programadas.
El segundo caso estuvo relacionado con una avería en la tarjeta de relés, un elemento clave para el correcto funcionamiento del sistema de posicionamiento de trenes. Tras sustituir la pieza, el servicio se restableció, y representantes del Ministerio de Transportes aseguraron que la seguridad de la circulación no estuvo en ningún momento comprometida. Sin embargo, estos episodios generaron nuevos interrogantes sobre la calidad del mantenimiento y la supervisión en la línea.
Medidas y modernización
Las autoridades han subrayado que el estado de la infraestructura es supervisado por cuatro contratistas distintos: uno responsable de las vías e infraestructura, otro de la electrificación, un tercero de los sistemas de seguridad y un cuarto encargado del control de la vegetación a lo largo de la vía. No obstante, las incidencias han seguido produciéndose con una frecuencia alarmante.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, señaló antes de la tragedia las circunstancias extrañas del suceso. El tren de Iryo descarrilado era relativamente nuevo y el tramo donde ocurrió el accidente había sido recientemente sometido a una importante modernización. Se invirtieron 700 millones de euros en la renovación de la línea Madrid–Sevilla, incluyendo nueve viaductos sobre la Sierra Morena. Las obras concluyeron en otoño de 2023 y los sistemas de señalización y seguridad continuaron actualizándose hasta mayo de 2024.
Crónica de incidentes
En el último año, Adif ha comunicado públicamente al menos ocho incidentes en el tramo de Adamuz. El 14 de abril del pasado año, daños en la catenaria entre Adamuz y Alcolea provocaron retrasos en los trenes. En mayo se repitieron los problemas de señalización, lo que generó nuevas incidencias en la circulación de trenes de alta velocidad entre Madrid y Andalucía.
La señalización falló en varias ocasiones. En junio, Adif volvió a informar sobre retrasos debido a averías en los sistemas entre Adamuz y Villanueva de Córdoba. Precisamente estos incidentes dieron pie a consultas parlamentarias. En septiembre y octubre se registraron nuevas incidencias, incluidas las relacionadas con la infraestructura y los desvíos ferroviarios. En diciembre, una nueva avería en uno de los apartaderos volvió a alterar el horario de los trenes.
La línea más antigua
La línea Madrid–Sevilla es la más antigua de la red española de trenes de alta velocidad. Fue inaugurada en 1992 y desde entonces se ha convertido en un corredor clave entre la capital y el sur del país. Tras la liberalización del mercado en 2019, nuevos operadores comenzaron a trabajar en la ruta, lo que incrementó el tráfico y la presión sobre la infraestructura.
Sin embargo, a pesar de las grandes inversiones y las renovaciones periódicas, los problemas de seguridad y el estado técnico de la línea no han desaparecido. Las fallas sistemáticas, advertidas en repetidas ocasiones por expertos y responsables políticos, finalmente desembocaron en una tragedia que quizás pudo haberse evitado.
Preguntas sin respuesta
La tragedia en el tramo de Adamuz ha vuelto a poner en duda la eficacia del control y el mantenimiento de las principales líneas ferroviarias del país. A pesar de las promesas de seguridad y las inspecciones periódicas, la cadena de fallos técnicos no recibió la atención debida. La cuestión de por qué no se atendieron las advertencias a tiempo sigue abierta y requiere una investigación exhaustiva.












