
Los hechos ocurridos en el campus de la Universidad Complutense de Madrid han vuelto a poner en el foco el problema de la seguridad en los centros educativos. La tarde del viernes, un grupo de unas 30 personas encapuchadas irrumpió en el edificio de la Facultad de Ciencias Políticas y provocó disturbios, destrozando materiales preparados para el Día Internacional de la Mujer. Este incidente generó preocupación entre estudiantes y profesorado, y reavivó el debate sobre la necesidad de reforzar las medidas de protección en las universidades españolas.
Según informa El País, los atacantes actuaron de forma organizada y con un objetivo claro. No solo destruyeron carteles e instalaciones dedicados al 8-M, sino que también causaron daños materiales: rompieron estanterías, electrodomésticos y mobiliario del espacio estudiantil en la planta baja. Intentaron colgar una pancarta con simbología de la Falange y un lema antifeminista, pero el personal de la facultad, junto con el decanato, logró frenarles y sacarles del edificio. Después, el grupo abandonó rápidamente el campus, dejando rastros de destrucción y pegatinas de la organización Sindicato Español Universitario.
Reacción de la universidad
La dirección de las facultades de Ciencias Políticas y Trabajo Social contactó de inmediato con la Policía Nacional, que acudió al lugar poco después de que los agresores se marcharan. En un comunicado oficial, los decanatos vincularon el incidente a una serie de actividades celebradas esa semana en honor al 8-M, y subrayaron que ataques similares se están convirtiendo en parte de una campaña sistemática de presión por parte de grupos de ultraderecha. Según explican, la facultad ya ha sido objeto de agresiones de este tipo en otras ocasiones, lo que incrementa la preocupación por la seguridad de estudiantes y personal.
El comunicado también insta a la dirección de la universidad y a las autoridades regionales de Madrid a dotar de los recursos necesarios para prevenir incidentes similares en el futuro. Representantes de la facultad expresaron su esperanza de que las autoridades condenen públicamente lo ocurrido y tomen medidas para proteger los centros educativos contra ataques extremistas.
Contexto y consecuencias
Este incidente no fue el primer acto de agresión registrado en el campus de Somosaguas. En otoño del año pasado ya se habían producido reuniones no autorizadas y actos de vandalismo vinculados a la actividad de activistas de ultraderecha. Entonces, tras un llamamiento del conocido provocador Vito Quiles, alrededor de doscientas personas acudieron a la universidad y, poco después, un grupo de radicales dañó instalaciones de la facultad. Según El País, días antes del último incidente, simpatizantes de Falange también grabaron material propagandístico y repartieron panfletos.
El personal de la facultad señala que este tipo de incidentes genera un clima de miedo e inseguridad entre el alumnado, especialmente entre los colectivos más vulnerables. El viernes, en el momento del último incidente, la mayoría de los estudiantes se encontraban en otro campus, algo que, según la administración, ayudó a evitar posibles enfrentamientos. Sin embargo, sigue en el aire la pregunta: ¿cuáles habrían sido las consecuencias si hubiese habido más personas en el edificio?
Reacción de la opinión pública
En la universidad remarcan que el nivel de agresividad y confianza de los atacantes ha crecido notablemente respecto a años anteriores. Profesores recuerdan que antes estos grupos actuaban de manera discreta y no se atrevían a ataques directos. Ahora, sin embargo, los radicales parecen actuar con total impunidad, lo que genera preocupación sobre una posible escalada. El decanato subraya en un comunicado que la lucha por los derechos y la igualdad sigue siendo una tarea pendiente, y que ataques como estos solo confirman la necesidad de mantener este esfuerzo.
En los últimos años se ha detectado en España un aumento de la actividad de grupos de ultraderecha, especialmente en el ámbito universitario. Incidentessimilares han ocurrido en otras ciudades del país, donde radicales intentaron boicotear actos dedicados a la igualdad y los derechos humanos. Las autoridades y las instituciones educativas se ven obligadas a buscar nuevas fórmulas para proteger a estudiantes y personal, con el fin de evitar que estas situaciones se repitan.












