
La política española vuelve a estar inmersa en una tempestad: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encuentra en el epicentro de escándalos y procesos judiciales que evocan los agitados finales de las eras de Felipe González y Mariano Rajoy. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, Sánchez muestra una sorprendente resiliencia y no tiene intención de ceder pese a la presión que recibe desde todos los frentes.
Al recordar 1997, cuando Felipe González ya había dejado la presidencia del Gobierno, sus palabras sobre el “desequilibrio de poderes a favor del sistema judicial” y sobre el “espectáculo diario en los tribunales” sonaban como el grito de un político agotado por investigaciones interminables. En esos mismos días, Alfonso Guerra, otro de los pesos pesados socialistas, criticaba duramente al Tribunal Supremo, acusándolo de politización tras la sentencia del caso Filesa. Hoy, estas declaraciones suenan sorprendentemente actuales, como si fuesen pronunciadas por simpatizantes de Sánchez indignados ante las recientes decisiones judiciales.
Paralelismos históricos
La situación que enfrenta Sánchez no solo remite al final del periodo de González, sino también a los últimos meses del mandato de Mariano Rajoy. En 2017, el propio Sánchez exigía la dimisión de Rajoy tras su comparecencia por el caso Gürtel, utilizando argumentos que ahora se emplean contra él. Entonces, Rajoy se defendía alegando que confió en personas que no estuvieron a la altura; hoy, Sánchez expresa lo mismo respecto a sus colaboradores.
Escándalos de corrupción, acusaciones de abuso de poder, presión de la oposición y los medios: todo esto vuelve a envolver la política española en una densa niebla de sospechas. En el pasado, circunstancias similares llevaron a elecciones anticipadas o mociones de censura. González se vio obligado a dimitir tras perder el apoyo de los nacionalistas catalanes, mientras que Rajoy fue destituido por los socialistas liderados por Sánchez tras una contundente sentencia judicial.
Cambio de papeles
Hoy la historia se repite, pero con nuevos protagonistas. Sánchez se encuentra ahora en una situación en la que su gobierno camina sobre la cuerda floja y los procesos judiciales y las investigaciones no dejan en paz ni a él ni a su partido. Sin embargo, según muchos observadores, el actual presidente del Gobierno se diferencia de sus predecesores por una férrea determinación de mantenerse en el cargo, pese a cualquier dificultad.
El veterano del Partido Popular Carlos Aragonés señala que, al final de sus mandatos, tanto González como Rajoy tendieron a replegarse, mientras que Sánchez muestra perseverancia y la voluntad de luchar hasta el final. Compara la situación actual con la célebre frase de ‘Anna Karenina’: todos los gobiernos felices se parecen, pero cada gobierno infeliz lo es a su manera.
Escándalos y acusaciones
Recordando los años 90, se puede observar la magnitud de las acusaciones contra el gobierno de González: desde la financiación del terrorismo (caso GAL) y la caja B del partido (Filesa) hasta escándalos de espionaje y abusos en el Ministerio del Interior. Altos cargos huyeron del país o terminaron en prisión, ministros y vicepresidentes dimitían uno tras otro. Aquella “atmósfera de crisis” se acompañaba de una intensa batalla mediática y acusaciones dirigidas a jueces y periodistas.
Las acusaciones actuales contra el equipo de Sánchez pueden parecer menos graves, pero el clima social se ha vuelto mucho más tenso. La polarización política ha alcanzado nuevos niveles, y ahora las críticas hacia los tribunales y los medios se escuchan desde ambos lados. Figuras veteranas como Federico Jiménez Losantos siguen arremetiendo contra el poder, mientras que nuevos actores mediáticos recogen el testigo.
Clima político
El ex presidente de Andalucía, Manuel Chaves, señala que la oposición actual actúa de manera mucho más agresiva que en décadas pasadas. Según él, la influencia del ex presidente José María Aznar en el Partido Popular sigue siendo fuerte, y las nuevas corrientes «trumpistas» no hacen más que acentuar el radicalismo. Chaves también destaca que el panorama político ha cambiado: si antes predominaba el bipartidismo, ahora los acuerdos deben buscarse en un contexto multipartidista.
En los años 90, la oposición contra González no solo provenía de la derecha, sino también de fuerzas de izquierda como Izquierda Unida, lo que añadía presión adicional. Actualmente, Sánchez lidera un gobierno de coalición, y según los expertos, esta circunstancia solo intensifica las tensiones en el Parlamento y en la sociedad.
El factor económico
A diferencia de sus antecesores, Sánchez de momento consigue apoyarse en una situación económica relativamente estable. González y Rajoy enfrentaron crisis que aumentaron el descontento ciudadano y agravaron el impacto de los escándalos de corrupción. Durante los años de Rajoy, la recesión y los sonados casos de la ‘caja B’ (Bárcenas) y Gürtel minaron la confianza en el gobierno y le hicieron perder la mayoría parlamentaria.
Hoy, pese a las tormentas judiciales y políticas, los indicadores económicos favorecen al actual presidente. Esto le permite mantener su posición y evitar concesiones que en el pasado costaron el cargo a otros líderes.
Retórica y defensa
Ferran Bel, exdiputado de los nacionalistas catalanes, señala que la retórica defensiva de los gobiernos ha cambiado poco en décadas. Los argumentos que usaban González y Rajoy los repiten hoy los ministros de Sánchez. Sin embargo, el ambiente general es mucho más tenso y la sociedad está más dividida.
En definitiva, a pesar de todas las similitudes con el pasado, la actual crisis política en España sigue sus propias reglas. A diferencia de González y Rajoy, Sánchez no se rinde fácilmente y sigue luchando pese a la presión de los tribunales, la oposición y los medios.












