
La escena política española vuelve a ser protagonista tras los recientes acontecimientos en Venezuela. El Partido Popular (PP) adoptó una postura ambivalente ante la detención de Nicolás Maduro por las agencias estadounidenses en territorio venezolano. Por un lado, los representantes del partido calificaron este hecho como “una alegría para todos los defensores de la democracia”. Por otro, expresaron abiertamente dudas sobre si se han vulnerado normas del derecho internacional en esta operación. Esta contradicción en las declaraciones generó intensas reacciones tanto en el ámbito político como en la sociedad.
La vicesecretaria de Renovación Institucional, Cuca Gamarra, destacó en una entrevista radiofónica: «No podemos afirmar con total certeza que las acciones de EEUU se ajusten por completo a las normas internacionales». No obstante, no ocultó su satisfacción por la destitución de Maduro, a quien calificó de dictador responsable de la destrucción del país y del éxodo masivo de su población. Sin embargo, según sus palabras, España debe mantenerse fiel a sus principios y no olvidar el respeto al derecho internacional.
Divisiones internas
Dentro del propio Partido Popular (PP) persisten disputas internas sobre cómo responder a las acciones de Washington. El líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, en un primer momento pidió cautela, pero al día siguiente expresó abiertamente su apoyo a la detención de Maduro. Al mismo tiempo, subrayó que los líderes opositores Edmundo González y María Corina Machado deberían encabezar el periodo de transición en el país. Este enfoque contrasta claramente con la postura de la Casa Blanca, que apuesta por la vicepresidenta Delcy Rodríguez como líder provisional de Venezuela.
El PP, a pesar de sus desacuerdos con Estados Unidos, evita la crítica abierta hacia Washington. En sus declaraciones públicas, los representantes del partido procuran no entrar en una confrontación directa con la administración estadounidense, aunque no ocultan su descontento con la elección de Delcy Rodríguez como figura para liderar la transición. Gamarra reiteró en una reciente entrevista: «Para nosotros, el camino hacia el futuro de Venezuela no pasa por Delcy Rodríguez».
Debate sobre la legalidad
La pregunta sobre si Estados Unidos violó el derecho internacional se convirtió en un tema central del debate. En la primera declaración de Feijóo no se mencionó el aspecto jurídico. Sin embargo, tras la condena del primer ministro Pedro Sánchez al considerar una “grave violación del derecho internacional”, el líder del PP se vio obligado a pronunciarse. Señaló que, pese al resultado favorable para la democracia, España está obligada a defender sus valores y principios, incluido el respeto por las normas internacionales.
Gamarra fue más allá al afirmar que su partido tiene serias dudas sobre la legalidad de las acciones estadounidenses. Subrayó que, aunque se celebre la eliminación de un dictador, no se pueden obviar las cuestiones relacionadas con el Estado de derecho. Según ella, España debe mantener coherencia con sus compromisos internacionales y no hacer la vista gorda ante posibles violaciones.
Indirectas políticas
En sus intervenciones, Gamarra también puso el foco en los estrechos vínculos entre Delcy Rodríguez y el Gobierno español. Recordó la polémica visita de Rodríguez al aeropuerto madrileño de Barajas hace seis años, organizada por el entonces ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos. Este episodio sigue suscitando dudas entre muchos españoles y se utiliza como argumento en contra del reconocimiento de Rodríguez como líder provisional de Venezuela.
Gamarra insiste: «Una persona sancionada por la Unión Europea no puede ser figura en un periodo de transición». Esta declaración está claramente dirigida contra la postura del Gobierno de Sánchez, que, según el PP, en la práctica respalda la continuidad del régimen de Maduro a través de Delcy Rodríguez.
Prudencia española
En términos generales, la postura del Partido Popular sobre la cuestión venezolana resulta sumamente cautelosa e incluso contradictoria. Por un lado, la formación no oculta su satisfacción por la salida de Maduro, considerándolo una victoria para la democracia. Pero por otro, evita respaldar abiertamente los métodos utilizados por Estados Unidos para lograrlo y exige un análisis exhaustivo desde la perspectiva del derecho internacional.
Esta actitud responde no solo a discrepancias internas, sino también al interés de mantener buenas relaciones con Washington sin caer en una confrontación directa. Al mismo tiempo, el PP procura marcar distancia con las decisiones del gobierno de Sánchez, al que acusa de apoyar figuras cuestionables y de no defender suficientemente los valores democráticos.
La pregunta sobre quién debe liderar el período de transición en Venezuela sigue sin resolverse. Los políticos españoles continúan debatiendo mientras la sociedad observa atentamente cada movimiento. Por ahora hay más incógnitas que respuestas y solo una cosa está clara: España no está dispuesta a respaldar abiertamente a ninguna de las partes, optando por navegar entre principios y sus propios intereses políticos.











