
La situación en torno a la construcción de una instalación de residuos en Montecarmelo vuelve a estar en el foco de atención de los madrileños. Las decisiones tomadas por la administración municipal pueden cambiar no solo la infraestructura del barrio, sino también la confianza de los ciudadanos en las autoridades. El futuro de este proyecto se ha convertido en símbolo de las contradicciones entre las declaraciones oficiales y las acciones reales.
Anuncio y reacciones
En una sesión de la junta de distrito de Fuencarral-El Pardo, se anunció que no habrá una instalación de residuos en Montecarmelo. El representante municipal, José Antonio Martínez Páramo, informó que el Ayuntamiento descarta ubicar SELUR en el terreno previsto. Según sus palabras, en la zona solo quedarán espacios para 30 trabajadores que prestan servicio a Montecarmelo y Mirasierra, sin maquinaria, estaciones de gas ni camiones de basura.
Sin embargo, los vecinos recibieron la noticia con escepticismo. Recordaron que promesas similares ya se habían hecho antes y que la postura oficial de la administración no ha cambiado. Representantes del Ayuntamiento confirmaron que no se han tomado decisiones nuevas y que el proyecto sigue igual. Por su parte, la oposición se apresuró a anunciar la victoria, aunque los detalles del proyecto no fueron modificados.
Dudas y contradicciones
Vecinos de Montecarmelo y activistas de la plataforma No Al Cantón consideran que las autoridades siguen engañándolos. Señalan que en los últimos tres años han escuchado en varias ocasiones garantías de que no habría instalaciones industriales, pero los documentos oficiales demuestran lo contrario. Según ellos, las modificaciones del proyecto no suponen una renuncia real a la construcción del complejo de residuos.
La situación se complica porque el proyecto ya ha sido adjudicado a la empresa Urbaser y la parcela de 10.000 metros cuadrados está oficialmente destinada para albergar maquinaria y la base de SELUR. Los vecinos también denuncian que la cifra de empleados anunciada no corresponde con la realidad: en la zona trabajan como máximo seis personas, y no treinta como sostiene la administración. Además, el proyecto contempla dar servicio no solo a Montecarmelo y Mirasierra, sino también a otros barrios como Las Tablas, Tres Olivos, Valverde, Barrio del Pilar y Arroyo del Fresno.
Declaraciones políticas y matices legales
Las autoridades aseguran haber mantenido más de diez reuniones con representantes vecinales y haber tenido en cuenta sus propuestas. Según Martínez Paramo, la administración no solo rechaza la instalación industrial, sino que también planea modificar el uso del suelo para crear un parque en su lugar. Sin embargo, los activistas interpretan estas declaraciones como un intento de influir en la opinión pública ante las elecciones. Recuerdan que antes de los comicios de 2023 el gobierno ya prometió trasladar la instalación, pero finalmente la ubicó junto a viviendas y colegios.
La vicealcaldesa de Madrid, Inma Sanz, afirmó que circula información incorrecta sobre el proyecto, especialmente por parte de la oposición. Sanz remarcó que no se ha tomado ninguna decisión nueva, aunque calificó la creación del parque como un aspecto positivo. Sin embargo, los detalles del contrato y los procesos judiciales siguen sin aclararse, mientras los vecinos exigen documentación oficial y la inscripción de los cambios en el juzgado, ya que el asunto aún está siendo revisado.
Contexto y consecuencias
El caso de la instalación de residuos en Montecarmelo refleja una situación habitual en Madrid, donde las promesas de las autoridades no siempre se corresponden con sus acciones. En los últimos años han surgido repetidos debates sobre la ubicación de infraestructuras cerca de zonas residenciales. Por ejemplo, en 2024 los vecinos de Vallecas también protestaron contra la construcción de un complejo industrial, temiendo un mayor impacto ambiental. Este tipo de conflictos suele derivar en procesos judiciales y exige largas negociaciones entre residentes y administración. Como señala El País, la falta de transparencia y de garantías claras por parte de las autoridades incrementa la desconfianza y provoca nuevas protestas.












