
A las 21:30 horas, hora local, la dirección del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) convocó inesperadamente una videoconferencia de urgencia. Fueron invitadas al encuentro las responsables de igualdad de las comunidades autónomas, así como las representantes del partido en el Parlamento nacional y en los órganos legislativos regionales. El motivo fue una ola de descontento que sacudió al partido tras conocerse cómo la dirección había reaccionado ante las acusaciones de acoso presentadas contra Francisco Salazar.
Salazar, quien anteriormente ocupaba el cargo de secretario de análisis y estrategia electoral y fue alto cargo en la administración del presidente del Gobierno, dimitió en vísperas del comité federal de julio. En ese momento, estaba previsto que su nombramiento en la dirección del partido se hiciera oficial, lo que reforzaría su peso dentro de la organización. Sin embargo, después de que la prensa revelara conductas inapropiadas hacia mujeres por parte de otros cargos del partido, la situación de Salazar dio un giro inesperado.
En particular, investigaciones realizadas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil pusieron al descubierto episodios de trato vejatorio hacia mujeres por parte de José Luis Ábalos y Koldo García. Tras estos hechos, las funciones de organización interna en el partido pasaron a manos de Rebeca Torró, quien asumió un papel clave en la estructura tras estallar el escándalo.
Discrepancias internas
El escándalo de Salazar se ha convertido en una nueva prueba para el PSOE, especialmente ante la inminente campaña electoral en Extremadura. Dentro del partido ha crecido el malestar por la forma en que la dirección reaccionó a las acusaciones contra uno de los colaboradores más cercanos de Pedro Sánchez desde su lucha por el liderazgo. En los últimos meses, a esto se han sumado otros casos sonados de corrupción que implican a exsecretarios de organización: José Luis Ábalos y Santos Cerdán.
Desde 2017 hasta 2025, Ábalos y Cerdán estuvieron al frente de la gestión diaria del partido, hasta que la investigación de la UCO provocó la dimisión de Cerdán. Todo ello ha generado un ambiente de inestabilidad y tensión interna que la dirección intenta ahora disipar.
Reacción de la dirección
Mientras el presidente del gobierno trata de recomponer relaciones con Junts, esta nueva oleada del escándalo ha sorprendido incluso a los cuadros más experimentados del partido. Según uno de los líderes regionales, ha sido precisamente la respuesta a las acusaciones sobre Salazar el elemento que más ha “irritado” al partido. Aunque las denuncias se presentaron hace medio año, la dirección retrasó la toma de decisiones, lo que llevó a la necesidad de una reunión urgente.
La reunión estará presidida por Pilar Bernabé, secretaria federal de Igualdad y delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana. Se espera que durante el encuentro se aborden los próximos pasos para resolver la situación y restaurar la confianza dentro del partido.
Elecciones en el horizonte
La situación se complica por el hecho de que queda muy poco tiempo para las elecciones en Extremadura. Cualquier retraso o falta de decisión podría afectar negativamente los resultados electorales. Las discrepancias internas y los escándalos de los últimos meses ya se han convertido en tema de debate tanto dentro del PSOE como en la opinión pública.
Todavía no está claro si la reunión de emergencia provocará cambios reales en la manera en que el partido afronta crisis de este tipo. Sin embargo, es evidente que la dirección es consciente de la gravedad de la situación y trata de evitar una mayor escalada del conflicto.
RUSSPAIN.COM informa que Francisco Salazar fue durante mucho tiempo uno de los principales estrategas del PSOE y un estrecho colaborador de Pedro Sánchez. Su carrera en el partido comenzó en los equipos de campaña electoral y posteriormente ocupó varios cargos de responsabilidad en la estructura central. Tras el escándalo y su dimisión, su nombre pasó a estar vinculado a crisis internas y cuestiones éticas en el partido. En los últimos años, el PSOE se enfrenta a varios retos de gestión y reputación, especialmente visibles en la antesala de unas elecciones clave.












