
Hace treinta años, Broadway acogió un espectáculo que transformó el concepto de musical. Rent, inspirado en la ópera La Bohème, retrataba la vida de jóvenes artistas en Nueva York al filo del milenio. Sus sueños y pasiones chocaban con una realidad dura: pobreza, drogas, VIH, la lucha por un techo. El autor Jonathan Larson volcó en esta historia su experiencia personal y falleció apenas un día antes del estreno. Su obra se convirtió en símbolo generacional y, con el tiempo, en un clásico de culto representado en todo el mundo e incluso llevado al cine.
Hoy Rent vuelve a sonar en el escenario del Teatro Fernán Gómez de Madrid. A pesar del paso de los años, los temas de amistad, amor, búsqueda de identidad y lucha por un lugar en el mundo no han perdido vigencia. Sin embargo, la nueva puesta en escena dirigida por José Luis Sixto sorprende por su distancia con el espíritu del original.
La energía perdida
La diferencia principal está en la propuesta musical. Si en los años 90 Rent era todo un himno del rock, ahora la guitarra eléctrica casi ha desaparecido, cediendo el protagonismo a los teclados. El resultado es un sonido más suave, pero la obra ha perdido esa intensidad interna que antes conmovía al público. La tensión emocional de las escenas ha disminuido notablemente y muchos momentos resultan ahora excesivamente dulces e incluso asépticos.
Desde los primeros minutos aparece en escena un numeroso cuerpo de baile que acompaña a los protagonistas en casi todas las canciones. En lugar de resaltar la soledad de los personajes, la multitud diluye el conflicto, convirtiendo el drama en una sucesión de coreografías. Por momentos, da la impresión de que el espectáculo está más dirigido a la generación TikTok que a quienes buscan emociones auténticas en el teatro.
Escenografía y sonido
Visualmente, la puesta en escena resulta impactante: el diseño de luces juega con sombras y matices, y siempre hay muchos actores sobre el escenario. Sin embargo, esto dificulta que el público siga la trama, especialmente si está lejos del escenario. Los momentos más intensos surgen cuando quedan uno o dos actores sobre las tablas; es ahí cuando la obra alcanza profundidad y sinceridad.
Sin embargo, el principal problema es la acústica del recinto. El sonido frecuentemente distorsiona las palabras y el público no siempre logra entender las letras de las canciones ni los diálogos. Para un musical, donde importa cada entonación, esto supone un obstáculo importante. Las bromas, insinuaciones y matices se pierden, y la obra pierde parte de su sentido.
Momentos destacados
A pesar de todas las carencias, la puesta en escena tiene auténticas joyas. La intérprete de Maureen, Carla Pulpón, literalmente enciende el escenario en la escena donde su personaje protesta contra el desalojo de los artistas. Hace treinta años, este papel hizo famosa a Idina Menzel y ahora la actriz española no solo está a la altura, sino que conquista al público con su voz y carisma. Es uno de esos raros momentos en que la audiencia se olvida de todo y simplemente disfruta del espectáculo.
El estreno de la obra fue el 23 de diciembre y, desde entonces, la sala casi siempre está llena. Espectadores de todas las edades acuden para ver la renovada versión de Rent y aplauden a los actores con entusiasmo al final. Entre los asistentes incluso estuvieron el rey Felipe VI y la reina Letizia con sus hijas, quienes asistieron de incógnito y compartieron un momento con el elenco.
Época de cambios
Rent nació con la intención de sacudir conciencias y provocar reflexión. Larson lo escribió para quienes no temen ser diferentes, quienes buscan amor y libertad pese a los miedos y fracasos. Hoy, tres décadas después, estos temas siguen conmoviendo a los jóvenes. Sin embargo, la nueva versión de la obra, a pesar de su impecable factura técnica y sus momentos brillantes, resulta demasiado medida y segura. No despierta esa rebeldía interior para la que se creó Rent en su origen.
Sin embargo, incluso en este formato, el musical sigue llenando todas las localidades. Quizá esto sea la principal prueba de su vigencia. Al igual que hace treinta años, el público busca en el escenario respuestas a sus inquietudes, aunque no siempre las encuentre donde esperaba.












