
En Alicante se ha tomado una decisión que impacta directamente en la vida cultural de la región: la emblemática Romería de la Santa Faz ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial. Este hecho es relevante para los habitantes de la Comunidad Valenciana, ya que se trata de una tradición que cada año reúne a más de 300.000 personas. El nuevo estatus no solo refuerza la protección de la festividad, sino que garantiza recursos adicionales para su conservación, especialmente relevante tras las recientes discrepancias políticas en torno al evento.
Tal como señala El Pais, el año pasado la ausencia de Carlos Mazón, entonces presidente de la Generalitat, generó una ola de críticas y debates. Su sucesor, Juanfran Pérez Llorca, decidió dar un giro a la situación y anunció la declaración de la Santa Faz como bien cultural. Es el tercer intento de lograr este reconocimiento para la segunda romería más multitudinaria de España, solo superada por El Rocío. Ahora, una tradición con raíces en el siglo XV recibe no solo un reconocimiento simbólico, sino también un apoyo institucional real.
Dos caras de la festividad
La Romería de Santa Faz se ha convertido en una parte esencial del calendario primaveral de Alicante. Por un lado, es un evento religioso vinculado a la veneración de una reliquia considerada parte del velo de Verónica. Por otro, es una fiesta popular masiva en la que miles de habitantes recorren a pie los 7,5 kilómetros que separan la catedral de San Nicolás del monasterio de Santa Faz. La parte oficial incluye una misa y una feria, mientras que la informal se vive con pícnics al aire libre y encuentros en las playas, donde tradicionalmente se come mona.
Este año, los líderes políticos de la región volvieron a ocupar el centro de la atención. Representantes del Partido Popular, entre ellos Pérez Llorca y el alcalde de Alicante Luis Barcala, optaron por centrarse en la celebración y evitar los temas polémicos. Barcala, a pesar de las críticas por la distribución de viviendas municipales, destacó la relevancia histórica de Santa Faz para la ciudad. Según declaró, el reconocimiento de la festividad es fruto de siglos de devoción y un paso clave para preservar la identidad de Alicante.
Desacuerdos políticos
La oposición, en cambio, aprovechó el foco puesto en el evento para abordar escándalos relacionados con la adjudicación de viviendas y otros asuntos. La ministra de Ciencia, Diana Morant, respaldó la declaración de Santa Faz, pero a la vez volvió a exigir la dimisión del alcalde por el caso Les Naus. Remarcó que las modificaciones legislativas impulsadas por Mazón y refrendadas por Pérez Llorca han reducido los mecanismos de control y permitido la cesión de pisos a personas con altos ingresos o vínculos con el partido.
La secretaria del PSPV también instó a la vicepresidenta del Consell, Susana Camarero, a devolver las viviendas a quienes realmente las necesitan y a revisar las decisiones controvertidas. La representante de Compromís, Aitana Mas, sumó a las críticas el escándalo de los vales comerciales, que terminó con la detención del presidente de la Cámara de Comercio de Alicante. Según ella, las autoridades deben explicar sus acciones y no buscar casos similares entre los opositores.
Tradición y seguridad
A pesar de la disputa política, la Romería transcurrió en calma y sin incidentes graves. Los peregrinos, vestidos con camisas negras tradicionales y pañuelos azul y blanco, participaron en el reparto de 15.000 ramitas de romero y se detuvieron a mitad de camino para degustar bollos de anís y mistela. Las autoridades pusieron un especial énfasis en el control del consumo de alcohol y habilitaron dos puntos de apoyo para posibles víctimas de violencia.
Quienes eligieron la ruta oficial asistieron a la misa celebrada por el obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla. En su homilía se manifestó en contra de la legalización del aborto y comparó sus consecuencias con los conflictos bélicos, recalcando que proteger a los indefensos es una tarea clave de la sociedad.
Contexto y eventos similares
En los últimos años, en España se debate cada vez más la preservación del patrimonio cultural inmaterial. Por ejemplo, en 2025, la fiesta tradicional de Las Fallas en Valencia obtuvo el estatus de BIC, lo que permitió atraer inversiones adicionales y aumentar el atractivo turístico de la región. Decisiones similares se han tomado respecto a otros eventos multitudinarios, como la Semana Santa en Sevilla y El Rocío en Andalucía. Estas medidas demuestran que el reconocimiento de las tradiciones a nivel estatal se está convirtiendo en una herramienta clave para apoyar la identidad local y fomentar el turismo interno.












