
Los resultados de la segunda noche semifinal del Benidorm Fest desataron un intenso debate entre los seguidores de la música contemporánea española. Para muchos espectadores y participantes, esta etapa fue una auténtica prueba: la competencia resultó tan reñida que era prácticamente imposible predecir el desenlace. En un contexto donde cada actuación destacó por su originalidad y alto nivel interpretativo, la lucha por llegar a la final adquirió un carácter especialmente emocionante.
La velada comenzó con retraso debido a un partido de fútbol, pero la espera solo aumentó el interés del público. En el escenario del Palau d’Esports de Benidorm se vivió un espectáculo genuino, donde nueve artistas presentaron sus propuestas, cada una cuidadosamente creada y visualmente impresionante. Los organizadores y presentadores no lo ocultaron: el festival nunca había experimentado semejante diversidad y nivel de pasión.
Descubrimientos brillantes
La gala se abrió con Abraham Mateo, ya conocido por el público de ediciones anteriores del festival. Su enérgica mezcla de éxitos nuevos y clásicos marcó el ritmo de todo el evento. A continuación subió al escenario Asha, cantante de origen marroquí, que sorprendió a la audiencia con un ambiente setentero y una puesta en escena poco convencional con un vagón de tren. Su número evocó la época dorada del cine español y destacó inmediatamente entre las demás propuestas.
Minerva Ku, conocida por su éxito de los años 90, eligió una jaula de cristal para su actuación, haciendo referencia a la emblemática puesta en escena de Loreen en Eurovisión. El final de su número, con la plataforma elevándose, se convirtió en uno de los momentos más comentados de la noche. Funambulista, en cambio, apostó por el minimalismo: su canción se transformó en una especie de manifiesto contra la presión de las redes sociales, y la escenografía pasó de la austeridad en blanco y negro a colores vibrantes, simbolizando la liberación.
Cambio de ambiente
Dani J, a quien los presentadores definieron como el principal representante europeo de la bachata, literalmente puso a bailar a toda la sala. Su número giró en torno a una historia de amor narrada a través del movimiento. The Quinquis eligieron una estética de periferia urbana: garaje, motocicleta, trajes atrevidos y, por supuesto, un espectacular final volando en moto sobre el escenario.
Atyat, inspirada por el trabajo de Shakira, incorporó motivos árabes y una coreografía compleja sobre un fondo de celosía andaluza. Rosalinda Galán, invitada al festival el mismo día del fallecimiento de su padre, apareció vestida de blanco e interpretó una dramática copla rockera que conmovió incluso a los críticos más exigentes. MAYO, ex participante de un reality musical, apostó por una estética pop-queer y una elaborada puesta coreográfica bajo una pirámide de mezclilla.
El toque final
La parte competitiva la cerraron los argentinos Miranda! & bailamamá, quienes transformaron el escenario en nubes y ofrecieron un verdadero espectáculo teatral, sin coreografías complejas pero con una presentación vibrante. Antes de anunciar los resultados, Luz Casal actuó en el escenario interpretando tanto nuevas canciones como su legendario éxito de los años 80, lo que resultó ser una grata sorpresa para los espectadores de mayor edad.
Tras la votación, a la final pasaron The Quinquis, Asha, Miranda & bailamamá, MAYO, Dani J y Rosalinda Galán. A ellos se sumaron los ganadores de la primera semifinal. Este año, el vencedor del Benidorm Fest no recibirá pase a Eurovisión, ya que España renunció a participar por discrepancias políticas relacionadas con la presencia de Israel. En cambio, el premio principal es un micrófono de bronce y 150.000 euros.
En los últimos años, el Benidorm Fest se ha consolidado como uno de los principales escenarios musicales del país, donde tanto jóvenes como artistas consagrados pueden hacerse notar en toda España. En la pasada edición, el festival también destacó por las decisiones inesperadas del jurado y puestas en escena llamativas, mientras que en 2024 los finalistas sorprendieron al público con audaces experimentos de géneros y escenografía. Este tipo de eventos no solo marcan nuevas tendencias musicales, sino que reflejan los cambios culturales en la sociedad española.












