
En España, la patata hace tiempo que se ha convertido en parte fundamental de la dieta, pero pocos se preguntan qué ocurre con los tubérculos cuando les salen brotes o presentan manchas verdes. La seguridad de estos vegetales preocupa a muchos, especialmente a padres de niños pequeños. Recientes explicaciones del doctor en Ciencias Químicas Vladimir Sánchez (Vladimir Sánchez) de la Universitat Rovira i Virgili (Tarragona) han arrojado luz sobre esta polémica cuestión.
Sánchez afirma que el principal peligro reside en la solanina, un alcaloide natural presente en la patata. Cuando los tubérculos empiezan a brotar o a ponerse verdes, la concentración de esta sustancia aumenta bruscamente. La solanina puede dañar el sistema nervioso y provocar una amplia gama de síntomas desagradables, desde leves molestias estomacales hasta graves trastornos neurológicos. Sin embargo, para alcanzar una dosis peligrosa, un adulto tendría que consumir realmente mucha patata en mal estado.
Solanina: el peligro invisible
La solanina no es un mito ni un cuento para asustar a las amas de casa. Esta sustancia realmente puede ser tóxica si su concentración supera cierto umbral. Según los expertos, la dosis peligrosa se considera entre dos y cinco miligramos por kilo de peso corporal. Para un adulto esto representa una cantidad considerable, pero para un niño basta con mucho menos. Por eso los pequeños y los bebés forman parte del grupo de riesgo elevado.
Los síntomas de intoxicación por solanina suelen confundirse con una infección intestinal común: náuseas, vómitos, diarrea. En ocasiones, se suman dolores de cabeza, confusión mental y, en casos graves, convulsiones. Sin embargo, la mayoría de las personas no se arriesga a comer tanta patata en mal estado: el sabor amargo y el olor desagradable rápidamente quitan el apetito.
Niños en riesgo
Expertos europeos en seguridad alimentaria han subrayado en varias ocasiones que los niños son especialmente vulnerables a la solanina. Su peso corporal es menor, por lo que la dosis tóxica se alcanza más rápido. Incluso una pequeña cantidad de tubérculos germinados o verdes puede causar graves problemas. Los padres deben ser especialmente cuidadosos: no se recomienda cocinar platos con patatas que tengan brotes o zonas verdes, aunque parezca que se pueden eliminar fácilmente.
En cambio, los adultos tendrían que comer más de un plato de este tipo de patatas para recibir una dosis peligrosa. Aun así, no conviene tentar a la suerte: el mal sabor y el olor desagradable son señales claras de que es mejor desechar el producto.
Cuándo la patata se vuelve peligrosa
Sánchez recomienda no arriesgarse y tirar cualquier tubérculo que empiece a brotar o cambie de color. Aunque parezca que se pueden cortar las partes dañadas, eliminar la solanina por completo no es posible. Esto es especialmente importante para familias con niños pequeños, mujeres embarazadas y personas con salud delicada.
En España, donde las patatas suelen comprarse en sacos y almacenarse durante semanas, el riesgo de que broten o aparezcan manchas verdes es especialmente alto. Es fundamental controlar las condiciones de conservación: un lugar oscuro y fresco ayuda a ralentizar la germinación y mantener los tubérculos frescos por más tiempo.
Prevención y sentido común
Los expertos coinciden: es mejor pecar de precavidos y evitar consumir patatas con signos de deterioro. Aunque un adulto necesitaría ingerir grandes cantidades de producto en mal estado para intoxicarse, molestias pueden aparecer incluso con dosis menores. Para los niños, en cambio, bastan un par de trozos.
En España, donde las recetas con patata forman parte de la vida cotidiana, la seguridad de este alimento sigue siendo un tema relevante. No ignores las reglas básicas: ante la mínima duda, desecha los tubérculos sospechosos. La salud está por encima del ahorro.












