
Cinco segundos: ese fue exactamente el tiempo que tuvo el maquinista del tren que circulaba por Gelida, en la provincia de Barcelona, para intentar frenar antes de la barrera de hormigón. Nadie aquel trágico martes, cuando la tragedia se desató sobre las vías del tren, podía imaginar que una jornada rutinaria acabaría en desastre. En la cabina viajaban cuatro personas: maquinistas experimentados y un aprendiz, para quien ese día sería el último.
Según los primeros resultados de la comisión de investigación de accidentes ferroviarios, el análisis de la caja negra reveló que casi no hubo tiempo para reaccionar. El muro de hormigón, colocado en forma de ‘L’, no se desplomó por completo sobre los raíles — el fuerte viento lo inclinó y quedó suspendido sobre las vías en un ángulo de 45 grados. Así se formó una trampa mortal imposible de prever.
Segundos para decidir
La locomotora avanzaba a unos 60 kilómetros por hora. Cuando el maquinista divisó el obstáculo, sólo quedaban cinco segundos y unos 50 metros hasta el impacto. En ese breve instante, trató de frenar, pero las posibilidades de evitar la colisión eran prácticamente nulas. El tren chocó contra la estructura de hormigón, que se incrustó brutalmente en la cabina.
Tras el impacto falleció el maquinista en prácticas, Fernando Huerta. Los otros tres maquinistas presentes en la cabina sufrieron lesiones de diversa consideración. Para todos los que se encontraban en aquel vagón, esos segundos fueron los más aterradores de sus vidas.
Motivos y detalles
La comisión señala que las condiciones meteorológicas desempeñaron un papel clave. El fuerte viento que azotó ese día no solo inclinó el muro de hormigón, sino que además lo volvió prácticamente invisible para el maquinista hasta el último momento. El muro no estaba tendido sobre las vías, sino que quedaba suspendido, creando la ilusión de paso libre. Este detalle resultó fatal.
El informe subraya que el análisis de los datos continúa. Para sacar conclusiones definitivas será necesario cotejar la información con las grabaciones del puesto de mando, que aún están pendientes de recibir. Sin embargo, ya está claro: prácticamente no hubo tiempo para evitar la tragedia.
Cuestiones de seguridad
La tragedia en Gelida vuelve a poner sobre la mesa la seguridad de la infraestructura ferroviaria. ¿Por qué una construcción de hormigón resultó tan vulnerable ante el temporal? ¿Se pudo haber evitado su caída o al menos detectar a tiempo el peligro? Estas preguntas siguen sin respuesta, pero exigen máxima atención.
Mientras la comisión prosigue su labor, ferroviarios y pasajeros de todo el país se preguntan: ¿hasta qué punto están protegidos ante este tipo de incidentes? A veces, entre la vida y la muerte solo hay cuestión de segundos.












