
La situación en torno a la Franja de Gaza volvió a tensarse tras el incidente con la flotilla humanitaria internacional. Los barcos, a bordo de los cuales viajaban activistas de varios países, incluida España, fueron interceptados por militares israelíes y escoltados al puerto de Ashdod. Aunque no hubo violencia, esta acción amenaza con provocar un serio agravamiento diplomático entre Israel y varios países europeos.
En este contexto, en el programa «Todo es mentira» se escuchó una opinión sorprendentemente contundente. El presentador Risto Mejide no mantuvo la neutralidad y detuvo la discusión de sus colegas para expresar su postura tajante. Confesó que le resulta insoportable guardar silencio ante esta situación.
El periodista marcó una clara diferencia entre valentía e imprudencia. Según él, la acción de los participantes en la flotilla no tiene nada que ver con el heroísmo auténtico. Un verdadero héroe, considera, salva a las víctimas, y sería admirable si esta iniciativa realmente ayudara a detener las matanzas de la población civil en Gaza. Sin embargo, Mejide ve en las acciones de los activistas una aventura peligrosa.
Explicó que un acto heroico no debe arrastrar a terceros a su órbita. En su opinión, estas personas pusieron en riesgo las ya frágiles relaciones entre España e Israel en un momento sumamente delicado. Además, actuaron sin ningún mandato del pueblo español, sin la legitimidad que, por ejemplo, tiene el ejército que representa los intereses del Estado.
Para ilustrar la gravedad de los riesgos asumidos, Mehide propuso imaginar un escenario hipotético. ¿Y si durante la interceptación surgiera un conflicto y alguno de los soldados israelíes, que no siempre se caracterizan por su respeto al derecho internacional, ejerciera violencia contra un ciudadano español? ¿En qué situación dejaría esto a todo el país y a todos los españoles?
Al mismo tiempo, el columnista subrayó que comparte plenamente los objetivos humanitarios de la misión. Calificó sin rodeos las acciones del gobierno israelí en la Franja de Gaza como «genocidio» y «aniquilación total», independientemente de las definiciones del derecho internacional. Su crítica se dirige exclusivamente al método elegido por los activistas, que considera del todo inapropiado.
Por suerte, los militares israelíes actuaron con contención. «Un solo disparo allí, y nos habrían generado a todos enormes problemas como Estado», concluyó. Resumió su opinión diciendo que el valor es arriesgarse uno mismo, no poner en peligro a todo un país. Esta intervención, poco habitual en la función de moderador, provocó encendidos debates en el plató y demostró una vez más la complejidad del conflicto de Oriente Próximo, donde se entrelazan impulsos humanitarios y la gran política.












