
Icono de estilo y la socialité más famosa de España, Isabel Preysler, ha revelado recientemente uno de los secretos más comentados de su vida. En sus memorias, por primera vez habló abiertamente sobre las numerosas operaciones de nariz a las que se ha sometido. Ahora, su cirujano, Javier de Benito, ha decidido aportar su visión profesional sobre esta larga historia, desvelando detalles que invitan a reconsiderar la imagen impecable de la celebridad.
El especialista explicó que el cuerpo humano no es un recurso infinito para experimentar. Cada intervención quirúrgica deja huella. Los tejidos se dañan, aparecen cicatrices y fibrosis, lo que con cada nueva operación complica notablemente el trabajo y reduce las posibilidades de éxito. Según él, después de tres o cuatro procedimientos ya no es posible garantizar los resultados, ya que el organismo no puede regenerarse sin límites. El cuerpo no distingue entre nombres de grandes cirujanos, simplemente reacciona al daño sufrido.
De Benito aclaró que conoció a Preysler cuando ella ya se había sometido a varias rinoplastias. Al evaluar la situación, le recomendó encarecidamente no recurrir más a cirujanos y hasta la derivó a una consulta con su mentor en Estados Unidos. Sin embargo, Isabel decidió someterse a otra intervención en el extranjero, lo que resultó en un incidente desagradable: uno de los diminutos implantes que mantenían la forma de la nariz se desplazó y empezó a sobresalir bajo la piel. Fue el propio De Benito quien tuvo que corregir este error, realizando la operación para retirar y recolocar el implante.
El médico atribuye la perseverancia de su paciente a su carácter. Describe a Preysler como una perfeccionista increíble, siempre preocupada por el más mínimo defecto en su apariencia. Sin embargo, subraya que, en la búsqueda del ideal, es fundamental saber cuándo detenerse, ya que con cada intervención el riesgo de complicaciones serias aumenta exponencialmente. Sus palabras confirman lo que muchos intuían: tras la fachada impecable se ocultaba una historia de lucha, vulnerabilidad y una búsqueda desesperada de la perfección.
La propia Isabel, en su libro «Mi verdadera historia», califica este proceso como una auténtica pesadilla. Todo comenzó en los años 70 en Manila con una operación que debía corregir el tabique nasal desviado y mejorar la respiración. Sin embargo, según ella, el cirujano cometió un error fatal al decidir también «limpiar el cartílago». Esta intervención desencadenó una serie de problemas. Preysler recuerda un momento de desesperación, cuando su nariz literalmente «se desmoronó» y los médicos, sin saber qué hacer, se negaron a ayudarla.
En total, se sometió a nueve cirugías que la agotaron física y mentalmente. El último incidente ocurrió recientemente, en 2023, cuando uno de sus nietos la golpeó accidentalmente mientras jugaba. Preysler admite que está tan cansada de médicos y hospitales que ya casi le da igual. Pero no se arrepiente de nada, porque la oportunidad de abrazar y jugar con sus nietos es lo más importante para ella, incluso si a veces tiene que pagar un precio tan alto por ello.












