
Durante un cuarto de siglo, científicos suecos estudiaron la dieta de casi 28.000 adultos y llegaron a una conclusión inesperada: el consumo regular de quesos grasos se asocia a una menor probabilidad de desarrollar demencia. El estudio abarcó una amplia variedad de productos lácteos, pero fueron precisamente los quesos con un contenido de grasa superior al 20% —como brie, gouda, cheddar, parmesano, gruyère y mozzarella— los que captaron la atención de los especialistas.
Los autores señalan que entre los participantes que consumían al menos 50 gramos diarios de queso graso, la demencia era menos frecuente que entre quienes se limitaban a porciones mínimas. La diferencia fue de aproximadamente un 3% a favor de los amantes del queso. Sin embargo, los científicos subrayan que se trata de una asociación estadística, no de una relación causal directa, y que se requieren más investigaciones para comprender los mecanismos mediante los cuales el queso afecta la salud cerebral.
Observaciones a largo plazo
El estudio se basó en los datos del proyecto de gran escala Malmö Diet and Cancer cohort, en el marco del cual residentes de Suecia registraron con detalle su alimentación y luego su salud fue monitorizada durante 25 años. En ese periodo, se diagnosticó demencia en más de 3.000 personas de casi 28.000 participantes.
Para el análisis, los investigadores utilizaron no solo diarios alimentarios, sino también encuestas sobre la frecuencia de consumo de distintos productos y entrevistas sobre hábitos culinarios. Este enfoque permitió evaluar con gran precisión el impacto de componentes individuales de la dieta en el riesgo de deterioro cognitivo.
Quesos contra la demencia
Los resultados mostraron que, entre quienes consumían diariamente más de 50 gramos de queso graso, la demencia se desarrolló en un 10% de los participantes, mientras que entre quienes comían menos de 15 gramos, este índice alcanzó el 13%. Tras ajustar los datos por edad, sexo, nivel educativo y otros factores, se descubrió que el riesgo de demencia era un 13% menor en los aficionados al queso.
Curiosamente, no se encontró una relación similar con los quesos bajos en grasa, la nata, la leche o los productos lácteos fermentados como el yogur y el kéfir. Sin embargo, un consumo elevado de mantequilla, por el contrario, podría estar asociado a un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.
Preguntas y dudas
A pesar de las cifras llamativas, los expertos instan a interpretar los resultados con cautela. Una de las principales limitaciones del estudio es que la dieta se evaluó solo una vez, al inicio de la investigación, mientras que en 25 años los hábitos alimenticios pueden cambiar considerablemente. Además, en el desarrollo de la demencia influyen muchos otros factores, como el estilo de vida, la genética y el estado general de salud.
No obstante, el estudio plantea una cuestión importante sobre el papel de las grasas en la dieta y su impacto en el cerebro. Durante mucho tiempo, los productos grasos han sido considerados perjudiciales, pero estos nuevos datos obligan a reevaluar las ideas establecidas.
Alimentación y salud cerebral
La demencia es un término general que agrupa a diversas enfermedades caracterizadas por el deterioro de las funciones cognitivas. La forma más conocida es la enfermedad de Alzheimer, aunque existen otras variantes relacionadas con trastornos vasculares o con la enfermedad de Parkinson.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, en 2021 alrededor de 57 millones de personas vivían con demencia y cada año se detectan hasta 10 millones de nuevos casos. Para 2050, el número de afectados podría superar los 150 millones. Ante la falta de tratamientos eficaces, los científicos prestan cada vez más atención a la prevención, incluida la corrección de la alimentación.
Recientemente ganó popularidad la llamada dieta MIND, que combina elementos de la alimentación mediterránea y nórdica. Sin embargo, los resultados de los estudios sobre su eficacia siguen siendo contradictorios y no existen recomendaciones universales.
Si no lo sabía, Lund University (Лундский университет) es una de las universidades más antiguas y grandes de Suecia, fundada en 1666. La universidad es reconocida por su investigación en medicina, biología y salud pública. En los últimos años, los especialistas de Lund han estudiado activamente la influencia de la alimentación en el desarrollo de enfermedades crónicas, incluida la demencia y las enfermedades cardíacas. Sus trabajos suelen ser debatidos en la comunidad científica y contribuyen a la creación de nuevos enfoques para la prevención de trastornos relacionados con la edad.












