
La cardiopatía isquémica sigue encabezando tristemente las estadísticas de mortalidad en todo el mundo, y España no es una excepción. Esta condición, en la que el músculo cardíaco sufre por falta de riego sanguíneo, puede manifestarse de forma repentina y en distintas modalidades: desde la angina de pecho, que muchos subestiman, hasta un infarto de miocardio de gran extensión o incluso una parada cardíaca súbita. En vísperas del Día Mundial del Corazón, que se celebra cada año el 29 de septiembre, los principales especialistas españoles vuelven a remarcar la importancia de la prevención y el diagnóstico precoz.
Comprender la esencia del problema es el primer paso para resolverlo. La isquemia, explican los médicos, es un estado de falta de oxígeno en cualquier órgano, y en este caso afecta al corazón. Cuando las arterias coronarias no pueden suministrarle suficiente sangre oxigenada, el corazón comienza a enviar señales de alarma. El síntoma clásico es un dolor opresivo en el pecho que puede irradiarse al brazo izquierdo, la espalda o la mandíbula. A menudo va acompañado de sudor frío, dificultad para respirar y arritmias. Sin embargo, en las mujeres los síntomas pueden ser muy distintos: signos atípicos como fatiga inexplicada, molestias abdominales o dificultad para respirar suelen retrasar la búsqueda de ayuda médica.
En la gran mayoría de los casos, la principal causa del desarrollo de isquemia es la aterosclerosis, un proceso en el que se forman placas en las paredes de las arterias, estrechando su lumen. Los catalizadores de este proceso son factores de riesgo bien conocidos: tabaquismo, presión arterial alta, niveles elevados de colesterol, diabetes y sedentarismo. Las mujeres, especialmente tras la menopausia, se encuentran en un grupo de riesgo particular debido a la disminución de hormonas protectoras, lo que hace que sus vasos sanguíneos sean más vulnerables.
Afortunadamente, la ciencia médica avanza constantemente. Los métodos modernos de diagnóstico en las clínicas españolas permiten detectar problemas en fases muy tempranas. El análisis ultrasensible de troponina puede identificar incluso el daño más mínimo al músculo cardíaco, mientras que la tomografía computarizada coronaria permite estudiar en detalle el estado de las arterias sin intervención invasiva. También ha habido avances significativos en el tratamiento: se utilizan stents de nueva generación y medicamentos más eficaces que previenen la formación de trombos.
Sin embargo, los especialistas insisten en que el aspecto clave es la rehabilitación tras haber sufrido un evento cardíaco. No se trata solo de un curso de ejercicios terapéuticos, sino de un cambio completo en el estilo de vida que debe mantenerse de forma permanente. La actividad física regular bajo supervisión médica no solo reduce el riesgo de un nuevo infarto, sino que también mejora notablemente la calidad de vida, ayudando a manejar la ansiedad y la depresión, frecuentes en estos pacientes. Si bien la predisposición genética juega un papel importante, unos hábitos saludables pueden minimizar gran parte de los riesgos hereditarios. El pronóstico para la mayoría de los pacientes que están dispuestos a cuidarse es bastante favorable, y una respuesta rápida ante los primeros síntomas, junto con una actitud responsable hacia la salud, son la clave para una vida larga y activa.












