
En los últimos años, los fabricantes de automóviles en España han estado implementando activamente diversas soluciones tecnológicas destinadas a mejorar la comodidad y la seguridad de los conductores. Una de estas opciones es la calefacción de la luneta trasera, presente en prácticamente todos los modelos modernos.
El cristal calefactable es una estructura especial que incorpora finos hilos metálicos o capas con un recubrimiento conductor. Estos elementos se colocan entre las capas del cristal y se conectan al sistema eléctrico del vehículo. Al activarse mediante un botón específico en el panel de instrumentos, comienza a circular corriente eléctrica, generando así calor.
La principal función de este sistema es eliminar rápidamente el empañamiento o la escarcha en el cristal, algo especialmente relevante durante los inviernos en España, cuando las variaciones de temperatura y la humedad pueden afectar considerablemente la visibilidad. Gracias a un calentamiento uniforme, el conductor obtiene una visión despejada a través del retrovisor, sin necesidad de calentar el habitáculo durante mucho tiempo ni utilizar el sistema de climatización.
Los símbolos que indican la función de calefacción varían para el parabrisas delantero y la luneta trasera. Habitualmente, se trata de un rectángulo con flechas onduladas apuntando hacia arriba. El símbolo para la luneta trasera suele ser recto, mientras que para el parabrisas delantero lleva una línea curva, lo que permite distinguirlos fácilmente en el panel de control.
Si se dañan las pistas conductoras en el cristal, no es necesario reemplazar toda la pieza. Existen a la venta kits especiales de reparación que incluyen pintura conductora, plantillas, pinceles y, en ocasiones, productos de limpieza. Con ellos es posible restaurar el funcionamiento del sistema y evitar una sustitución costosa.
El coste de reemplazar un cristal calefactable depende de la marca del vehículo, la complejidad del trabajo y los materiales utilizados. De media, para turismos en España el precio oscila entre 100 y 300 euros, aunque para modelos de gama alta o vehículos comerciales la cifra puede alcanzar los 500 euros. En cambio, la reparación por cuenta propia con un kit resulta mucho más económica.
El uso de la luneta trasera térmica se ha convertido en un estándar para la mayoría de los coches nuevos, lo que ha elevado notablemente el nivel de seguridad en las carreteras del país. Los conductores destacan que esta función es especialmente útil durante periodos de lluvia y niebla, cuando la visibilidad disminuye de forma brusca.












