
En enero de 2026, la comunidad astronómica se vio envuelta en una auténtica sensación: el telescopio espacial James Webb (James Webb Space Telescope, JWST) logró captar las imágenes más detalladas hasta ahora de la región que rodea el agujero negro supermasivo en la galaxia Circinus. Estas fotografías sorprendieron no sólo por su nitidez, sino que también pusieron en duda las ideas previas sobre el origen de la emisión infrarroja en galaxias activas. Se descubrió que la mayor parte de esa radiación no proviene de potentes chorros, como se pensaba antes, sino de un denso disco de polvo que alimenta al agujero negro.
La galaxia Circinus, situada a unos 14 millones de años luz de la Tierra, ha sido durante mucho tiempo objeto de atención para la ciencia. Sin embargo, sólo ahora, gracias a las capacidades únicas del JWST, ha sido posible observar su núcleo con un nivel de detalle sin precedentes. Un equipo liderado por Enrique López-Rodríguez, de la Universidad de Carolina del Sur, aplicó métodos de observación innovadores para penetrar en las densas nubes de polvo y gas que ocultan el área central de la galaxia.
Dos sesiones de observación, realizadas en julio de 2024 y marzo de 2025, permitieron recolectar luz utilizando una apertura especial compuesta por siete pequeños orificios hexagonales. Este diseño genera patrones de interferencia característicos que ayudan a separar la radiación del polvo caliente de otras fuentes y a crear un mapa de las estructuras más diminutas en el corazón mismo de la galaxia.
Polvo y luz
Los resultados fueron sorprendentes: alrededor del 87 % de la radiación infrarroja proviene de la zona inmediatamente adyacente al agujero negro. Aquí, el polvo y el gas forman un disco achatado orientado a lo largo del plano ecuatorial de la galaxia. Precisamente este disco actúa como el principal reservorio de materia, que se va absorbiendo poco a poco por el agujero negro, alimentando su crecimiento y actividad.
Menos del 1 % de la radiación está relacionada con una enigmática estructura en forma de arco, denominada “Arco Norte” (North Arc). En esta región, el polvo caliente es expulsado hacia el exterior por poderosos flujos de material emitidos desde el agujero negro. El 12 % restante corresponde a zonas más alejadas, donde el polvo es calentado por la radiación del agujero negro y un débil chorro de radio, aunque ya no participa en el proceso de acreción.
Este nivel de detalle solo fue posible gracias al diseño único del telescopio. Como destacó uno de los miembros del equipo investigador, Joel Sánchez-Bermúdez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, la nueva técnica permitió obtener imágenes dos veces más nítidas de lo habitual. “Es como mirar esta región no a través de un espejo de 6,5 metros, sino de un telescopio espacial de 13 metros”, subrayó.
Un cambio de paradigma
Durante años, los astrónomos creyeron que el exceso de radiación infrarroja en las cercanías de los agujeros negros activos se debía principalmente a corrientes de polvo expulsadas hacia el exterior. Sin embargo, los nuevos datos del JWST desacreditan por completo esta hipótesis. Resulta que es el disco interno, y no las emisiones externas, el que determina el perfil energético del núcleo galáctico.
La causa de este error radicaba en las limitaciones de los telescopios anteriores: su resolución no era suficiente para distinguir los distintos componentes —el disco de acreción, el toroide de polvo y los flujos—, que aparecían como una sola mancha indistinguible. Ahora, al poder ‘descomponer’ el núcleo en sus partes, queda claro que los modelos previos requieren una revisión profunda.
Comprender cómo acumulan masa los agujeros negros y cómo influyen en la evolución de las galaxias es fundamental para toda la astrofísica moderna. Los procesos de acreción y retroalimentación pueden tanto suprimir como estimular la formación estelar, moldeando el aspecto de las galaxias durante miles de millones de años.
Mirando hacia el futuro
El descubrimiento realizado en Circinus podría ser universal para la mayoría de las galaxias activas del Universo. Los investigadores ya planean aplicar esta nueva metodología a otros agujeros negros cercanos para recopilar estadísticas y determinar cuán típica es la estructura observada.
Según López-Rodríguez, para realizar un análisis completo será necesario estudiar al menos una decena, y preferiblemente dos decenas de objetos similares. Solo así se podrá comprender la relación entre la masa en los discos de acreción y la potencia de los chorros, así como la influencia de estos parámetros en la evolución general de las galaxias.
En los próximos años, los astrónomos vivirán una auténtica carrera por nuevos descubrimientos. Cada nueva imagen capturada por el JWST puede revolucionar el conocimiento establecido sobre la naturaleza de los agujeros negros y su papel en la historia cósmica.
Tecnología y desafíos
El aspecto técnico del trabajo del JWST impresiona tanto como sus resultados científicos. La utilización de máscaras de apertura sofisticadas y métodos interferométricos ha permitido alcanzar una resolución que antes se consideraba imposible para telescopios infrarrojos. Esto abre la puerta al estudio incluso de las zonas más ocultas y polvorientas del Universo.
Sin embargo, las nuevas capacidades plantean también nuevos retos para la comunidad científica. Ahora es necesario revisar decenas, si no cientos, de observaciones previas para distinguir los procesos físicos reales de los artefactos causados por la falta de resolución. Quedan años de trabajo minucioso por delante, pero también la posibilidad de avances que hasta hace poco parecían ciencia ficción.
Por si no lo sabías, el James Webb Space Telescope es el telescopio infrarrojo más grande y avanzado de la historia, lanzado en 2021 gracias a la colaboración entre la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Canadiense. Su principal misión es explorar el Universo primitivo, la formación de galaxias, estrellas y sistemas planetarios, así como estudiar exoplanetas y sus atmósferas. Gracias a su diseño único y a su ubicación en la órbita del punto de Lagrange L2, el JWST puede observar los objetos más distantes y débiles que están fuera del alcance de otros instrumentos. En estos años de funcionamiento, el telescopio ya ha realizado varios descubrimientos revolucionarios que han cambiado nuestra comprensión del cosmos.











