
El otoño dorado en España es el momento perfecto para viajes tranquilos: el calor sofocante del verano da paso a una agradable calidez, y el flujo de turistas disminuye. Es precisamente en esta época cuando puedes sentir verdaderamente la atmósfera auténtica del país. Si buscas un destino que combine un rico patrimonio histórico, paisajes pintorescos y tranquilidad, presta atención a la Comunidad Valenciana. Aquí, en la provincia de Alicante, se esconde una auténtica joya: Benissa, un municipio donde la Edad Media convive en armonía con el azul del Mediterráneo y los senderos de montaña ofrecen panorámicas impresionantes. Es un lugar que brinda el equilibrio perfecto entre el enriquecimiento cultural y la conexión con la naturaleza.
El corazón histórico de Benissa: un viaje al pasado
Pasear por Benissa es como adentrarse en otra época. Su centro histórico, uno de los mejores conservados de la región, cautiva desde el primer paso. Estrechas callejuelas empedradas serpentean entre edificios antiguos y desembocan en tranquilas plazas bañadas por el sol. Cada piedra aquí respira historia y recuerda las culturas que se sucedieron —desde la herencia musulmana hasta el esplendor del Renacimiento. El corazón del casco antiguo es la Plaça de l’Església Vella (Plaza de la Iglesia Vieja), donde antiguamente se erigía el primer templo.
Merecen especial atención los emblemáticos edificios que se han convertido en símbolos de Benissa. Entre ellos destaca la Casa Abargues, un palacete aristocrático que permite conocer la vida cotidiana de las familias nobles de siglos pasados. También es de gran interés la Casa de Juan Vives, estrechamente vinculada a las tradiciones locales y a la devoción por la patrona de la ciudad, Puríssima Xiqueta. Estos monumentos arquitectónicos, junto con la majestuosa Basílica neogótica, conforman un conjunto irrepetible que hace de Benissa un lugar al que siempre apetece regresar.
Costa azul y acantilados verdes: la naturaleza en su máximo esplendor
Benissa es única porque ofrece no solo lugares históricos, sino también una costa espectacular. A diferencia de otros destinos masificados, aquí es posible encontrar calas solitarias de aguas cristalinas y color turquesa. Lugares como Cala dels Pinets o Cala del Advocat son ideales para quienes buscan tranquilidad junto al mar. En otoño, cuando el agua aún conserva su calor, estas calas resultan perfectas para nadar o hacer esnórquel entre praderas de posidonia que forman un ecosistema submarino único.
Para quienes disfrutan de las caminatas, el Paseo Ecológico es un verdadero regalo. Este sendero, que bordea los acantilados, conecta varias calas y ofrece vistas impresionantes de la costa. Recorrerlo en un tranquilo día de otoño, acompañado por el sonido de las olas y los gritos de las gaviotas, brinda una profunda sensación de paz y permite disfrutar plenamente de la belleza natural del Mediterráneo. Es una de las rutas más recomendadas para conocer la región de manera contemplativa y pausada.
Para los amantes del turismo activo y de la gastronomía
El interior de Benissa resulta tan atractivo como la costa. Entre sus paisajes se encuentran almendrales, antiguas masías y sierras que ofrecen excelentes oportunidades para el senderismo. Una red de caminos señalizados permite explorar la zona, como el ascenso a la Sierra de Bèrnia. Desde sus cumbres se aprecian panorámicas que abarcan toda la costa, desde Calpe hasta Altea. Estas rutas son perfectas para combinar actividad física con el disfrute de los paisajes.
No se puede terminar una visita a Benissa sin probar la gastronomía local. La cocina aquí conserva los auténticos sabores del Mediterráneo. No dejes de degustar platos tradicionales como la «pilota» (albóndigas en caldo), el «putxero de polp» (guiso de pulpo) o las variadas «cocas», empanadas abiertas típicas con diferentes rellenos. Tampoco olvides los embutidos artesanales por los que la región es conocida. Todo esto convierte a Benissa en el destino ideal para un viaje otoñal lleno de cultura, tranquilidad y paisajes inolvidables.












