
Cuando se habla de coleccionar automóviles, la mayoría se conforma con modelos raros o las últimas novedades. Pero hay personas para quienes no existen los límites habituales. Uno de ellos es un empresario de California, que ha convertido su garaje en un verdadero templo para los fanáticos de Ferrari. Su enfoque hacia el coleccionismo no solo impresiona, sino que pone en duda el propio concepto de lujo: aquí no se trata de cantidad, sino de una idea llevada al extremo.
En vez de conformarse con uno o dos coches, este hombre decidió reunir los cinco legendarios superdeportivos de Ferrari, conocidos como la “Gran Quinta”, y hacerlo en dos colores: el clásico rojo y el impactante amarillo. Esta decisión no solo le situó en la élite del mundo automovilístico, sino que también se convirtió en un reto para todos los que se consideran verdaderos apasionados de los deportivos italianos.
Una colección al borde de la locura
En la mitología automovilística de Ferrari existe un panteón especial: cinco modelos que, en distintas décadas, marcaron el máximo tecnológico de la marca. Son el 288 GTO, el F40, el F50, el Enzo y el LaFerrari. Cada uno de estos vehículos representa un capítulo propio en la historia de la ingeniería, y reunirlos ya es toda una hazaña. Pero nuestro protagonista fue más allá: no solo los reunió, sino que lo hizo por partida doble, eligiendo para cada coche dos colores emblemáticos de la marca.
En su garaje en Walnut, dos filas de Ferrari se alinean como en un desfile de vanidad: una en un rojo intenso y la otra en un amarillo vibrante. Conseguir los ejemplares amarillos fue mucho más difícil, ya que esas versiones salieron en ediciones limitadas y rara vez llegaron al mercado. Al coleccionista le tomó siete años encontrar cada uno, y todos los autos fueron hallados en un estado impecable, digno de una exposición de museo.
A diferencia de la mayoría de millonarios, que guardan sus autos bajo fundas y los sacan una vez al año, este hombre no teme utilizar sus Ferrari como corresponde. Para él, no solo importa la estética, sino también las emociones que brinda la conducción. Afirma que el verdadero valor de la colección está en los recuerdos, los sonidos y las sensaciones que deja cada viaje.
Obsesión por los detalles
El coleccionista no se limitó a acumular vehículos. Su objetivo es seguir la evolución de Ferrari desde la década de 1960 hasta hoy, mostrando cómo cambiaron la tecnología, el diseño y la filosofía de la marca. Cada automóvil en su garaje no es solo una pieza de colección, sino parte de una gran historia que refleja el espíritu de su época y el ingenio de la ingeniería.
Un lugar especial ocupa el Ferrari Enzo, un modelo que se convirtió en el puente entre el pasado y el futuro de la marca, combinando tecnología de la Fórmula 1 y un coche de calle. A su lado, el 288 GTO marcó el inicio de la era de los superdeportivos turboalimentados, mientras que el F40 fue el último proyecto aprobado por el propio Enzo Ferrari. El F50 personifica el espíritu de un monoplaza de carreras adaptado para la carretera, y el LaFerrari, el primer híbrido de la marca, demostró que la electricidad también puede ser emocionante.
Cada uno de estos coches es el resultado de largas búsquedas, negociaciones y, en ocasiones, una auténtica caza de ejemplares únicos. El coleccionista reconoce que el proceso fue similar a una maratón: no solo se requería paciencia, sino también habilidades para establecer relaciones con vendedores, concesionarios e incluso representantes de la fábrica en Maranello.
El siguiente nivel
Cuando parece que se ha alcanzado la cima, surge un nuevo desafío. Recientemente, Ferrari anunció el modelo F80, un posible sucesor del legendario quinteto. El coleccionista ya ha hecho el pedido de este vehículo y lo ha elegido en el clásico color rojo para subrayar la continuidad de las tradiciones. Su estatus en el mundo Ferrari es tan alto que ha obtenido acceso al programa personalizado Tailor Made, que le permite crear una configuración única para el coche.
Así, con la llegada del F80, su colección será aún más exclusiva. No es solo una colección de juguetes costosos, sino una crónica viva de la evolución de una de las marcas de automóviles más icónicas. El garaje en California se está transformando en un museo privado al que sueñan con acudir no solo los fanáticos de Ferrari, sino también los propios representantes de la compañía.
En un mundo donde el lujo a menudo se reduce a la ostentación de estatus, una colección así se convierte en símbolo de pasión, paciencia y profundo conocimiento del tema. Aquí no solo importa el valor de los coches, sino la historia detrás de cada uno. La ironía es que incluso entre los multimillonarios, pocos pueden lograr semejante hazaña, no por falta de dinero, sino por carecer de verdadera obsesión.
David Lee es una figura legendaria entre los coleccionistas de Ferrari. Su enfoque para reunir automóviles destaca no solo por la magnitud, sino también por la filosofía: para él, no solo importa la rareza, sino el significado detrás de cada vehículo. Lee es conocido no solo como empresario, sino también como conocedor del arte relojero, lo cual se refleja en su atención al detalle y su búsqueda de la perfección. Su garaje en California se ha convertido desde hace tiempo en un punto de encuentro para los aficionados a los superdeportivos italianos, y él mismo es considerado un embajador informal de la marca Ferrari en Estados Unidos. Gracias a este tipo de entusiastas, la cultura automotriz sigue evolucionando y las leyendas reciben nueva vida.












