
A mediados del siglo XX, la sociedad española se vio sacudida por los rumores sobre un posible matrimonio entre la exreina Victoria Eugenia y el duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart. Tras la muerte del rey Alfonso XIII, ambos quedaron viudos y su estrecha amistad se convirtió en tema de conversación en los círculos más altos. Aunque nunca hubo confirmación oficial del romance, los rumores sobre una boda inminente persistieron durante años.
Victoria Eugenia, exiliada en Lausana, atravesaba momentos difíciles. El duque de Alba se convirtió para ella no solo en un apoyo fundamental, sino también en un amigo íntimo que la ayudó a hacer frente a las dificultades del exilio. La apoyaba económicamente, le transmitía noticias de España y siempre estuvo a su lado en los momentos más complicados. Su relación era tan cercana que muchos los consideraban pareja, aunque ellos nunca lo confirmaron.
Amistad y apoyo
El duque de Alba no era solo un aristócrata, sino una de las figuras más influyentes de su tiempo. Sus lazos con las familias reales británica y española, así como su carrera diplomática, lo convirtieron en un personaje destacado en la historia del país. Tras la muerte de su esposa, se dedicó no solo a los asuntos de su familia, sino también a cuidar de Victoria Eugenia, quien quedó prácticamente sin apoyo en una tierra extranjera.
La infanta Eulalia, prima de la reina, afirmó en una de sus cartas que el compromiso entre Victoria Eugenia y el duque de Alba estaba a punto de anunciarse. Sin embargo, posteriormente ella misma desmintió sus palabras, y la hija del duque, Cayetana, siempre dudó de la veracidad de estos rumores. Según ella, su padre no tenía intención de volver a casarse, a pesar de su cercanía con la ex reina.
Vida en el exilio
En el exilio, Victoria Eugenia y el duque de Alba pasaron mucho tiempo juntos. Él la apoyó no solo económicamente, sino también moralmente, manteniéndola conectada con su país y manteniéndola informada sobre los acontecimientos en España. Su amistad se convirtió en un ejemplo de lealtad y apoyo mutuo, a pesar de todas las dificultades que atravesaron.
El duque de Alba fue nombrado representante del gobierno español en Londres y más tarde se convirtió en embajador. Su labor diplomática coincidió con un período en el que Victoria Eugenia necesitaba especialmente apoyo. Permaneció a su lado hasta su muerte en 1953, y la reina fue una de las pocas personas que estuvo junto a su lecho en las últimas horas de vida.
Legado y memoria
Jacobo Fitz-James Stuart pasó a la historia como uno de los mayores terratenientes de España y un destacado político. Su vida estuvo estrechamente ligada al destino de la monarquía y participó activamente en los intentos de restaurarla. A pesar de los numerosos rumores, su relación con Victoria Eugenia se mantuvo en el ámbito de una profunda amistad, que sus contemporáneos a menudo interpretaron como algo más.
Se dice que en el momento de su muerte, el duque sostenía en sus manos una cruz que pertenecía a Victoria Eugenia, lo que se convirtió en símbolo de su vínculo especial. Su historia sigue despertando el interés de historiadores y aficionados a la aristocracia española, ya que está llena de misterios, silencios y una auténtica calidez humana.
Si no lo sabía, Jacobo Fitz-James Stuart, XVII Duque de Alba, no solo fue político y diplomático, sino también uno de los hombres más ricos de Europa en su época. Su hija, Cayetana Fitz-James Stuart, se convirtió en una de las aristócratas más célebres del siglo XX. Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, vivió en Suiza tras el exilio y mantuvo lazos con la nobleza española hasta el final de sus días. Su amistad con el Duque de Alba fue uno de los temas más comentados en la historia de la monarquía española.












