
Formentera, la hermana menor de Ibiza en el archipiélago de las Islas Baleares, está firmemente asociada con playas idílicas y aguas cristalinas. Sin embargo, detrás de la fachada de este destino turístico popular se esconde un rico patrimonio histórico, estrechamente ligado al pasado agrícola de la isla. Uno de sus símbolos más destacados son los antiguos molinos de viento, que durante siglos desempeñaron un papel clave en la vida de la población local.
A diferencia de muchas otras regiones de España, en Formentera no hay ríos ni arroyos, lo que hacía imposible la construcción de molinos de agua. Al mismo tiempo, los cereales, especialmente el trigo, constituían la base de la dieta de los isleños, y el pan era el alimento principal en cada mesa. Hasta el siglo XVIII, para moler el grano se usaban molinos primitivos movidos por animales. Más tarde, fueron reemplazados por molinos de viento de tipo torre, más productivos, que permitieron incrementar considerablemente la producción de harina y garantizar la independencia alimentaria de la isla.
En la actualidad, en Formentera se conservan seis de los siete molinos que antiguamente estaban en funcionamiento. Todos están considerados bienes de interés cultural y forman parte de una ruta especial conocida como la “Ruta de los Molinos” (Ruta de los Molinos). Este recorrido permite no solo admirar estas singulares construcciones arquitectónicas, sino también comprender cómo era la vida en la isla antes de la llegada del turismo masivo. La estructura de los molinos es la típica mediterránea: una torre cilíndrica de piedra de varios pisos, techo cónico y seis aspas características.
El molino más conocido y mejor conservado es el Molí Vell de la Mola (Molí Vell de la Mola). Ha sido cuidadosamente restaurado y su interior reproduce fielmente el mecanismo original de molienda de grano. Los visitantes pueden descubrir en detalle cómo la fuerza del viento transformaba el trigo en harina y así acercarse a la historia agrícola de la isla. Este molino es una parada imprescindible para quienes desean conocer más a fondo la cultura de Formentera. Muy cerca de allí se encuentra otro molino: el Molí d’en Botigues (Molí d’en Botigues).
Otro punto importante en la ruta es la colina de Sa Miranda, cerca del pueblo de Sant Francesc Xavier. Aquí se encuentran dos molinos construidos a principios del siglo XIX: el Molí d’en Mateu y el Molí d’en Jeroni. Funcionaron sin interrupción hasta mediados del siglo XX. Además de su valor histórico, este lugar atrae a los turistas por ofrecer algunas de las mejores vistas panorámicas de la isla. Completan la lista los molinos Molí d’en Teuet y Molí de ses Roques, situados en las cercanías de Sant Ferran.
La «Ruta de los molinos de viento» ofrece a los visitantes de Formentera una oportunidad única de alejarse del turismo de playa para descubrir otra faceta, igual de fascinante, de la isla. Estos silenciosos gigantes de piedra no son solo parte del paisaje, sino auténticos testigos de la historia, el esfuerzo y la inventiva de los habitantes locales, capaces de adaptarse a unas condiciones naturales desafiantes.












