
A sus 95 años, Victoria Eugenia de Figueroa y Borbón, viuda del marqués de Tamarit, sigue siendo la encarnación viva de la sofisticación y el espíritu aristocrático. Su nombre está íntimamente ligado a la época dorada de la alta sociedad española. Nacida en 1931 en una familia de profundas raíces, es hija del segundo conde de Romanones, Luis de Figueroa, y de María de Borbón y de León, familiar del rey Juan Carlos y descendiente del primer duque de Sevilla. La trayectoria vital de esta mujer no es solo una crónica, sino toda una saga sobre el estilo, la familia y la lealtad a las tradiciones.
El encuentro decisivo con su futuro esposo, Juan José Suelves Ponsich, tuvo lugar a mediados del siglo pasado y en 1955 la pareja contrajo matrimonio. Su elegido ostentaba los títulos de marqués de Tamarit y vizconde de Montserrat, y era una figura destacada de la nobleza catalana. Gran parte de su vida la pasó en Perú, donde logró construir una considerable fortuna antes de regresar a su tierra natal junto a su familia. De esta unión, que duró casi medio siglo, nacieron seis hijos: Juan José, María, Victoria, Cristina, Luis y Blanca. La felicidad familiar se vio empañada por una terrible tragedia: la muerte de su hijo Luis, de 28 años, en un accidente de tráfico. El propio marqués falleció en 2004, a los 76 años, tras luchar contra una enfermedad oncológica.
Victoria, a quien sus allegados llaman cariñosamente Mimi, era considerada con razón una de las mujeres más elegantes de su época. Su amistad con el gran Cristóbal Balenciaga se convirtió en leyenda. Fue él quien creó su vestido de novia, causando auténtica sensación. El inusual silueta, inspirado en el hábito de una monja medieval con un tocado corto, resultó tan impactante que la fotografía apareció en las páginas de «Tatler», la prestigiosa publicación de la aristocracia británica. Esta pasión por la moda fue heredada por su nieta Inés, hija del actual marqués de Tamarit. Hoy, Inés es una de las jóvenes diseñadoras más solicitadas, quien a menudo encuentra inspiración en la imagen de su famosa abuela, que sigue conservando ese porte real.
Según su nieta Inés, Mimi es la persona más vitalista que conoce, con un raro don para alegrarse de las pequeñas cosas y encontrar siempre el lado positivo. Siempre fue una abuela especial, que mimaba a sus nietos y hacía que cada uno se sintiera único. A pesar de tener una familia numerosa —catorce nietos y tres bisnietas—, encontraba tiempo para todos. La familia Suelves siempre se ha caracterizado por su unión y una modestia poco común en su entorno, aunque las dos hijas de Victoria, María y Blanca, no lograron evitar en su momento la atención de la prensa.
María se convirtió en el centro de la crónica social tras casarse con Francis Franco, el nieto mayor del general Franco. Su boda en 1981, celebrada en el castillo familiar de Altafulla (Tarragona), fue el acontecimiento del año. Blanca, por su parte, conquistó el mundo de la moda al convertirse en la imagen de la popular marca juvenil «Don Algodón» en los años ochenta. Con el tiempo, los caminos de las hermanas tomaron rumbos distintos. El matrimonio de María duró nueve años, tras lo cual se casó con el empresario Claudio Montes. Blanca dejó las pasarelas, contrajo matrimonio con el duque de Alburquerque —de quien luego se separó— y fundó una exitosa agencia de organización de bodas, que se convirtió en la favorita de la alta sociedad madrileña.
La propia Mimi de Figueroa y Borbón recordaba con humor el momento en que supo que Blanca quería dedicarse al modelaje. Señalaba que no tuvo que reaccionar de forma especial, ya que su hija siempre hacía lo que consideraba correcto. La marquesa estaba encantada, pues el primero en confiar en el talento de Blanca fue el reconocido diseñador Jorge Gonsálvez, y en casa nunca hubo discusiones al respecto. A pesar de ello, a lo largo de toda su vida, la viuda del marqués de Tamarit mantuvo una absoluta discreción sobre temas relacionados con el rey honorario Juan Carlos. Aunque este fue en varias ocasiones huésped en su casa, ella nunca hizo comentarios sobre el asunto.
El título de marqués de Tamarit, que ostentaba la familia, cuenta con una rica historia. Fue creado en 1681 por el rey Carlos II y concedido a Francesc de Montserrat, quien fue gobernador de Tarragona y señor de Montoliu y de la baronía de Altafulla.












