
En Cataluña, los archivos eclesiásticos están al borde del colapso debido al aumento brusco en el número de solicitudes de certificados de bautismo. La causa es la ley de memoria democrática, aprobada en 2022, que abrió el camino a la ciudadanía española para los descendientes de emigrantes y exiliados políticos hasta la tercera generación. Según informa El País, solo en el último año los archivos catalanes han recibido más de 13.000 solicitudes, decenas de veces más que lo habitual.
Sobrecarga y nuevas normativas
En la mayoría de los casos, los solicitantes buscan documentos sobre familiares que abandonaron España en el siglo XIX. Sin embargo, gestionar tal volumen resultó imposible: muchos archivos cuentan solo con uno o dos empleados, y parte de la documentación se ha perdido por incendios en las parroquias o por la falta de datos precisos sobre los antepasados. En Barcelona, de las 4.300 solicitudes solo se ha podido expedir un tercio de los certificados, en Lérida se han tramitado unas 2.500 peticiones. En Gerona se ha registrado un incremento de solicitudes casi por tres, y en Tarragona y Vic — cientos de nuevas peticiones. En algunos casos, una misma métrica es solicitada por varios familiares al mismo tiempo.
Fraudes y esquemas dudosos
Los archivistas señalan que entre los solicitantes hay no solo auténticos descendientes de emigrantes, sino también quienes intentan aprovechar la situación. Surgen casos en los que intermediarios y despachos jurídicos cobran a los clientes cientos de euros por servicios que en los archivos resultan mucho más económicos. Algunos archivos ahora exigen que solo los propios solicitantes, y no terceros, tramiten los documentos. En Lleida, para confirmar el parentesco, piden documentos oficiales y así reducir el riesgo de falsificaciones. Según El País, los consulados de España también han endurecido los controles por sospechas de falsificaciones y solicitan pruebas adicionales de autenticidad de los documentos.
Geografía y motivaciones de los solicitantes
La mayoría de las solicitudes provienen de América Latina, especialmente de Argentina, Cuba, México, Brasil y Venezuela. Sin embargo, también llegan peticiones de Estados Unidos, Países Bajos, Colombia y Chile. En algunos casos, los solicitantes ni siquiera conocen el nombre completo del antepasado o el lugar exacto de su nacimiento, y a veces intentan adivinar el apellido o envían solicitudes a todos los archivos del país al mismo tiempo. Los archivistas señalan que algunas personas buscan la ciudadanía por interés en sus raíces, mientras que otras lo hacen por motivos económicos o políticos.
Aumento de la carga y nuevas tasas
Antes de la aprobación de la ley, este tipo de solicitudes eran aisladas y los certificados a menudo se emitían de forma gratuita. Ahora, debido al aumento de las peticiones y la necesidad de traducir documentos, los archivos han establecido una tarifa — de 9 a 90 euros por el servicio. Los empleados señalan que la carga de trabajo se ha multiplicado varias veces y el funcionamiento habitual de los archivos ha quedado paralizado. En algunos casos, cuando los solicitantes se enteran del costo, dejan de responder.
Un repunte similar de solicitudes se observa también en otras regiones de España, especialmente en Galicia, donde solo en Ourense se han recibido más de 20 000 solicitudes. La situación recuerda a recientes episodios de peticiones masivas y la sobrecarga de los servicios, como ocurrió durante grandes eventos deportivos, cuando en Sevilla miles de personas se enfrentaron a largas colas y un estricto control de acceso.
Referencia
Según el Consejo de la Diáspora Española, para finales de 2025 más de 2,3 millones de descendientes de españoles aspiran a la ciudadanía. De las solicitudes ya revisadas, solo el 2 % fueron denegadas. Para tramitar la ciudadanía es necesario presentar un certificado de nacimiento del antepasado o, en caso de periodos anteriores a 1871 —cuando no existían registros civiles—, una partida de bautismo.












