
En Barcelona, arrendatarios que se vieron amenazados de desalojo debido a las acciones de fondos de inversión lograron un importante aplazamiento. Tras protestas públicas y la intervención del defensor del pueblo de la ciudad, el tribunal acordó suspender el desalojo durante tres meses. Esta decisión envía una señal clara al mercado de alquiler: por primera vez, las autoridades municipales y los residentes se han unido contra las prácticas de coliving y los esquemas especulativos que expulsan a los inquilinos de largo plazo.
Presión sobre los inversores
El caso clave fue el de Txema Escorsa, un inquilino del barrio de Gràcia, a quien el fondo New Amsterdam Developers (NAD) intentó desalojar. El apoyo masivo de los vecinos, la negativa del ayuntamiento y del gobierno de Cataluña a respaldar el desalojo, así como las negociaciones con la participación del Síndic de Greuges, obligaron a NAD a cambiar de postura y aceptar abrir negociaciones. Según El País, anteriormente la empresa se negaba a dialogar, pero ahora, por primera vez, accedió a entablar conversaciones con los inquilinos.
Historias de los inquilinos
En el centro del conflicto se encuentran Rosario Castelló, Gemma Tramullas, Marga Aguilar y Melanie Andrada. Todas ellas han enfrentado diferentes formas de presión: Rosario es la última residente del edificio en Entença, convertido en coliving por la empresa Vandor; Gemma alquila un piso que fue revendido varias veces entre inversores; Marga vive en la Casa Papallona, adquirida por NAD, con el contrato vencido y una fecha de desalojo asignada; Melanie reside en un edificio en Tarragona donde los propietarios gestionaron 120 licencias para apartamentos turísticos. Sus historias se han convertido en símbolo de la lucha contra la política agresiva de los inversores.
Nueva plataforma y reacción de las autoridades
Bajo la presión de la opinión pública y de los inquilinos, en el distrito de Eixample se creó una Mesa en Defensa del Alquiler, una plataforma de negociación entre residentes, autoridades y propietarios. Según Joan Ramon Riera, comisionado de vivienda, la ciudad dejó claro que el alquiler de habitaciones y los contratos de corta duración ya no serán respaldados, y que las infracciones serán registradas y sancionadas. A la labor de la plataforma se sumaron también las asociaciones vecinales locales.
La postura de los propietarios
De todas las empresas mencionadas, solo Vandor comentó la situación. La empresa afirmó que Rosario Castelló vive sin contrato desde hace cinco años, pero continúa pagando el alquiler. Vandor le ofreció un nuevo contrato de siete años en otra vivienda reformada con una renta más baja y está dispuesta a negociar compensaciones. La compañía también subrayó que no ha realizado desahucios ni ha puesto en venta los inmuebles, y que el cambio de inversor está relacionado con planes de desarrollo, no con cambios en la legislación.
Contexto y relevancia
Lo ocurrido en Barcelona refleja una tendencia más amplia: los inquilinos resisten cada vez más el desplazamiento del mercado de la vivienda y exigen a las autoridades protección frente a la especulación. Como señala El País, la prórroga de tres meses y la puesta en marcha de una plataforma de diálogo se han convertido en un precedente importante para la ciudad. Conflictos similares se viven en otras regiones de España — por ejemplo, en Madrid la dirección Tribulete 7 se ha convertido en símbolo de la lucha por el acceso a la vivienda, un caso sobre el que se detalló en el reportaje de RUSSPAIN.












