
En la zona norte de Navarra, donde los bosques húmedos se funden con riachuelos rápidos, se esconde una ruta que sorprende tanto por su atmósfera como por la oportunidad de adentrarse en el pasado de la región. Este sendero, que conduce a un molino restaurado, se ha convertido en un auténtico hallazgo para familias que buscan experiencias diferentes y desean acercar a los niños a la historia y la naturaleza sin prisas innecesarias.
El recorrido comienza junto a un restaurante que fue punto de encuentro de lugareños y hoy marca el inicio de una travesía hacia el corazón del bosque. Desde los primeros pasos, queda claro: cada recodo guarda un enigma propio. Puentes de madera, suelos húmedos y espesos matorrales crean la sensación de estar dentro de una antigua fábula. Pero tras la atmósfera de cuento se esconde una historia real, mucho más dramática de lo que parece a simple vista.
Secretos del bosque
El camino hasta el molino no exige preparación especial: tres kilómetros en total, ida y vuelta, sin pendientes pronunciadas ni zonas peligrosas. Aun así, este corto trayecto es capaz de sorprender. En el camino aparecen robles centenarios, castaños y viejas casas de labranza, mientras la niebla suele colarse entre los árboles, dando un aire misterioso al entorno. Los vecinos aseguran que aún se cuentan historias de brujas y espíritus del bosque, y los niños exploran emocionados las sendas en busca de huellas de criaturas legendarias.
Llaman especialmente la atención los puentes de madera que cruzan los arroyos. El agua es cristalina y el murmullo de las cascadas acompaña al caminante casi hasta el propio molino. Durante los meses de invierno, el sendero se vuelve especialmente pintoresco: el suelo húmedo cubierto de hojas caídas y los escasos rayos de sol que atraviesan las copas crean una atmósfera de recogimiento y tranquilidad. Para los niños, es toda una aventura; para los adultos, una oportunidad de olvidar por un momento el bullicio de la ciudad.
El molino y sus secretos
El punto final de la ruta es un antiguo molino escondido en la ladera junto a la cascada. El edificio, construido en la época de las guerras carlistas, permaneció abandonado durante mucho tiempo hasta que fue restaurado por los descendientes de los habitantes locales. En su interior aún se conservan los mecanismos movidos por el agua y cualquier visitante puede ver cómo funcionaba el molino en el pasado.
Pero lo más importante es la historia vinculada a los acontecimientos bélicos del siglo XX. Durante la Guerra Civil, el molino se utilizaba en secreto: allí se molía grano para los habitantes de los pueblos cercanos y para los soldados refugiados en los bosques. Los lugareños aún recuerdan cómo arriesgaban la vida para alimentar a sus familias y ayudar a quienes estaban fuera de la ley. Esta parte del pasado da al recorrido un significado especial y convierte una simple caminata en un auténtico viaje en el tiempo.
Detalles prácticos
La ruta es adecuada para familias con niños a partir de cinco años, aunque puede resultar complicada para los más pequeños y las personas con movilidad reducida debido al suelo húmedo y la ausencia de asfalto. Los viajeros experimentados recomiendan llevar calzado cómodo con buena suela y llevar agua suficiente. La mejor época para recorrer el sendero es en primavera y otoño, cuando el bosque luce especialmente hermoso y la afluencia de turistas es mínima.
El sendero está bien señalizado, es difícil perderse, y en el camino hay carteles e incluso pequeñas zonas de descanso. Al final de la ruta, no solo se puede visitar el molino, sino también disfrutar de un picnic junto al arroyo. Para quienes deseen ampliar su paseo, existen caminos alternativos que conducen a los pueblos cercanos y a otros atractivos naturales del valle de Baztan.
Leyendas y actualidad
Los habitantes locales comparten con entusiasmo historias sobre criaturas misteriosas que supuestamente habitan estos bosques. Se cuenta que en las tardes de niebla es posible encontrarse con las lamiak, mujeres míticas con cola de pez que se esconden junto al agua. Los niños escuchan con curiosidad historias de brujas y duendes, y los adultos reconocen que estas leyendas hacen la ruta aún más atractiva para una escapada familiar de fin de semana.
Hoy en día, este rincón de Navarra atrae cada vez a más turistas que buscan no solo paisajes hermosos, sino también la oportunidad de conectar con la historia viva. El molino restaurado es un recordatorio de tiempos difíciles, y el propio sendero es un ejemplo de cómo la naturaleza y el pasado pueden convivir, creando un espacio único para el descanso y la reflexión.
El molino, conocido como Molino del Infierno, ocupa un lugar especial en la memoria cultural del valle de Baztán. Construido durante las guerras carlistas, sirvió en varias ocasiones como refugio para los habitantes locales en tiempos difíciles. Durante la Guerra Civil, aquí se molía grano en secreto, lo que ayudó a sobrevivir a pueblos enteros. Tras años de abandono, el edificio fue restaurado y ahora está abierto a todos los que desean conocer más sobre el pasado de la región. El molino se ha convertido en un símbolo de resistencia y unidad, y su historia es una parte fundamental del patrimonio de Navarra.












