
En los últimos meses, en la Costa del Sol se ha detectado una tendencia alarmante: cada vez más menores de edad procedentes de Europa llegan a España para cometer asesinatos por encargo. Estos adolescentes, a menudo menores de dieciocho años, se convierten en herramientas de organizaciones criminales internacionales. Son reclutados a través de mensajerías, les prometen dinero rápido y los utilizan para las tareas más peligrosas.
La policía señala que, en el último año, en el sur del país ya han detenido a tres menores vinculados con el crimen organizado. Uno de ellos cometió un asesinato. Aunque estos casos aún no son frecuentes, las autoridades advierten de una nueva ola criminal en la que los jóvenes perpetradores juegan un papel principal.
El perfil del «baby sicario»
Los llamados baby sicarios son adolescentes que comparten varias características. No han cumplido los 18 años, llegan desde distintos países de Europa y terminan en redes criminales a través de internet. A menudo proceden de entornos complicados: problemas familiares, adicciones, deudas. Les ofrecen entre 4.000 y 5.000 euros por realizar un «trabajo» y aceptan, creyéndose casi intocables por su edad.
Los organizadores de estos delitos utilizan a los menores para no arriesgarse personalmente. Los instigadores se encuentran a miles de kilómetros del lugar del crimen y los ejecutores no son más que peones en esta trama. Atraen a los jóvenes a España prometiéndoles dinero fácil, y tras la primera misión, ya no pueden salir de esta trampa.
Métodos de captación
La principal herramienta para captar nuevos ejecutores son las redes sociales y los mensajeros. A través de canales anónimos, se ofrece “trabajo” a adolescentes sin revelar los detalles hasta el último momento. A menudo, el contacto se establece incluso antes de llegar a España, y las instrucciones llegan desde el extranjero.
Muchos de estos jóvenes terminan endeudados por drogas. Les entregan mercancía a crédito y luego les proponen saldar la deuda cumpliendo con un encargo. Así se crea una dependencia: tras cometer su primer delito, al adolescente ya no lo dejan ir, y cada nuevo encargo solo refuerza su vínculo con el crimen.
Geografía y redes criminales
A España llegan adolescentes de Suecia, Bélgica y Países Bajos. Detrás de ellos hay grandes grupos criminales, como Mocromafia, que llevan años operando en toda Europa. Los ejecutores rara vez conocen a sus mandantes en persona: todas las órdenes se reciben de manera remota. Al mismo tiempo, en la Costa del Sol siguen activos sicarios de América Latina, especialmente de Colombia.
La situación se complica aún más porque en el sur de España es más fácil conseguir armas. Se pueden comprar pistolas y fusiles si se tienen los contactos adecuados. Esto hace que la región sea especialmente atractiva para los ajustes de cuentas criminales.
Casos de gran repercusión
En diciembre de 2024, un hombre de 25 años de nacionalidad neerlandesa fue asesinado en Fuengirola. Trabajaba en un club local de cannabis. Al salir del edificio, un menor de edad belga lo estaba esperando con un arma automática. El adolescente abrió fuego y luego huyó, cambiando de apariencia y marchándose a los Países Bajos. Posteriormente fue detenido, pero durante el arresto opuso resistencia armada, hiriendo a un policía y a una mujer que pasaba por el lugar. Finalmente, las fuerzas de seguridad se vieron obligadas a neutralizarlo.
Un episodio similar ocurrió en verano de 2024. Un sueco de 17 años viajó a la Costa del Sol con el objetivo de asesinar a un ciudadano de Europa Central. Preparó el crimen minuciosamente: cambió de hotel, pagó siempre en efectivo, compró ropa negra e incluso se tiñó el cabello. Tras ser buscado internacionalmente, fue detenido en Benalmádena. En su habitación encontraron anotaciones y pronto se supo que debía recibir un fusil de asalto Kalashnikov (AK-47) y cobrar 40.000 euros por el encargo. Durante el interrogatorio, el adolescente aseguró que solo había venido de vacaciones.












