
Con la llegada de los meses fríos, cada vez más habitantes de las grandes ciudades buscan cambiar el bullicio urbano por la tranquilidad de callejones antiguos. Un viaje corto se convierte en la manera ideal de recargar energías, permitiendo volver a la rutina diaria con renovadas fuerzas e impresiones frescas. A tan solo hora y media o dos de viaje desde el corazón del país se esconde una auténtica joya histórica: Sigüenza. Esta ciudad, situada en la provincia de Guadalajara y declarada oficialmente conjunto histórico-artístico, ofrece la oportunidad única de realizar un viaje en el tiempo y sumergirse en un pasado de más de dos mil años de historia.
La historia de Sigüenza, conocida en época celtíbera como Segontia, se respira literalmente a cada paso. Aquí dejaron su huella romanos y visigodos, pero fue la época de caballeros y castillos la que definió el carácter único de este lugar. Por encima del laberinto de calles estrechas adoquinadas y tejados de teja roja, se alza una imponente fortaleza que hoy es testigo silencioso de tiempos pasados y el elemento más emblemático del paisaje local. Sus gruesos muros, levantados ya en el siglo XII, parecen custodiar la memoria de guerreros y reyes, haciendo que cada paseo por los alrededores resulte especialmente evocador e inolvidable.
Además de su imponente fortaleza, la atención de los turistas se dirige invariablemente hacia la catedral, cuya arquitectura fusiona de manera armoniosa elementos del estilo románico y del gótico. Este edificio impresiona por su monumentalidad y por un interior que resguarda auténticas obras de arte. Un ambiente completamente distinto se respira en la plaza principal, la Plaza Mayor, donde cada piedra evoca el espíritu del Renacimiento. Es el corazón de la vida social de la ciudad y el lugar ideal para pasear tranquilamente y contemplar el lento transcurrir del tiempo desde una de las cafeterías locales.
Sin embargo, Sigüenza también guarda tesoros menos evidentes, ocultos para el ojo superficial. Uno de ellos es la Casa del Doncel, antigua residencia de la nobleza, famosa por albergar la tumba del “Doncel de Sigüenza”. Esta delicada escultura de alabastro se ha convertido en un auténtico símbolo del municipio. Y para los amantes de la alta gastronomía, el espacio culinario Molino de Alcuneza, galardonado con el prestigioso reconocimiento de la famosa guía roja, será todo un descubrimiento. Aquí es posible adentrarse en las tradiciones culinarias de la región en su versión más actual y refinada.
Los alrededores del pueblo no son menos destacables y merecen una atención especial. La cercanía al Parque Natural del Río Dulce ofrece excelentes oportunidades para disfrutar de actividades al aire libre. Los pintorescos senderos a orillas del río permiten admirar la belleza de la flora y fauna local, encontrar armonía y terminar el viaje con una sensación de absoluta comodidad y tranquilidad. La combinación de un rico patrimonio cultural, una gastronomía exquisita y una naturaleza maravillosa convierte este lugar en una opción ideal para una escapada en cualquier época del año.












