Los estantes de los supermercados en España están llenos de decenas de paquetes de palitos de cangrejo, o “palitos de cangrejo”, como se les llama aquí. Detrás de los llamativos diseños se esconden productos muy distintos tanto en calidad como en composición, y elegir los palitos adecuados puede cambiar por completo el sabor de tu ensaladilla favorita, ya sea una ensaladilla tradicional o un plato festivo para la cena de Nochevieja. Convertir esta lotería alimentaria en una elección consciente no es tan difícil. Existe un método sencillo y claro que te ayudará a diferenciar un producto de calidad de una imitación barata a base de almidón y soja.
¿Qué es el surimi?
Antes que nada, conviene desterrar el principal mito: los palitos de cangrejo no contienen, ni han contenido nunca, carne de cangrejo. El nombre es fruto de la historia y el marketing, ya que el producto solo imita la textura delicada y fibrosa del marisco. La auténtica base de un buen palito es el surimi. Es importante entender que el surimi no es solo un ingrediente, sino toda una tecnología japonesa de procesado de pescado. Para su elaboración se utiliza filete de pescado blanco oceánico, generalmente abadejo, merluza o bacaladilla, que se lava repetidamente en agua limpia y se prensa. Gracias a este proceso se eliminan las grasas, las proteínas solubles en agua y los pigmentos, dejando solo la proteína muscular pura, con alta capacidad de gelificación.
Esta masa concentrada de proteínas es precisamente la base densa y elástica de la que se forman las barritas. De aquí se deriva una regla sencilla: si el término «surimi» no aparece en primer lugar en la lista de ingredientes, no estás ante auténticos palitos de cangrejo, sino frente a un producto sustituto. Lo más probable es que se trate de una mezcla a base de agua, almidón y proteína de soja, que solo recuerda de lejos al original.
Cómo leer correctamente la etiqueta
La composición indicada en el envase es la clave para entender lo que estás comprando. Los ingredientes siempre se enumeran en orden descendente según su proporción en el producto. Por eso, tu principal tarea es analizar detenidamente el principio de esta lista. La fórmula óptima es aproximadamente la siguiente: surimi (indicando el porcentaje, idealmente no menos del 40%), agua, almidón (de patata o de trigo), aceite vegetal, sal, azúcar y aromas naturales. Esta combinación significa que el producto contiene suficiente proteína de pescado para garantizar la textura adecuada y firme, y que el almidón se utiliza solo como estabilizante y no como relleno principal. Estas barritas tendrán una textura laminar agradable y un delicado sabor a pescado.
La situación cambia completamente si la lista comienza así: agua, almidón, proteína de soja, aceite vegetal, y el surimi aparece discretamente al final. Esta es una señal clara de que el fabricante ha reducido costos en el ingrediente principal, sustituyéndolo por componentes más baratos. Como resultado, corres el riesgo de encontrarte con una sustancia insípida, “gomosa” o, por el contrario, desmenuzable y harinosa, con un sabor químico persistente. Recuerda este indicador: un buen producto debe contener al menos un 35-40% de surimi. Un valor del 25% ya es el límite crítico, a partir del cual comienzan el dominio del almidón y las decepciones.
Tres pruebas sin abrir el paquete
Incluso sin abrir el envase, se puede saber mucho sobre la calidad del producto. Basta con realizar tres pruebas simples directamente en la tienda. La primera y más importante es la prueba de elasticidad. Dobla suavemente el blíster con los palitos. Un buen producto, rico en proteínas, será elástico: se doblará fácilmente y volverá a su forma original. Si al doblarlos los palitos crujen, se rompen o parecen duros como el plástico, es una señal clara de exceso de almidón.
El segundo paso es la evaluación visual. Preste atención al color: debe ser natural, de tono rosado suave o crema, con posibles transiciones sutiles en el lado teñido. Un color demasiado intenso o “neón” indica un exceso de colorantes artificiales. Si el envase es transparente, observe el corte: en los palitos de buena calidad se aprecia claramente una estructura fibrosa y en capas que imita la carne. No debe haber manchas grises u oscuras, ya que esto puede señalar incumplimiento en la tecnología de producción o problemas en las condiciones de almacenamiento.
Finalmente, evalúe la forma y el estado general. Los palitos deben ser rectos, uniformes y sin daños ni bordes resecos. El recubrimiento de color debe aplicarse solo por un lado. Si el producto luce descuidado o la bolsa contiene muchas migas, es mejor dejarlo. Estas simples observaciones le ayudarán a tomar la decisión correcta incluso antes de llegar a la caja.
Cabe señalar que España es uno de los mayores consumidores de productos a base de surimi en Europa. Los “palitos de cangrejo” son extremadamente populares aquí y constituyen un ingrediente imprescindible en numerosos tipos de tapas y ensaladas, incluida la famosa “ensaladilla rusa”. Además de los palitos, el mercado español ofrece una amplia variedad de otros productos de surimi, como las “gulas”, una imitación de angulas que suele servirse con ajo y guindilla. Las principales materias primas para la producción del surimi que se comercializa en España suelen ser la merluza y el abadejo de Alaska, capturados en los océanos Atlántico y Pacífico. Los fabricantes españoles, como Angulas Aguinaga, son líderes no solo en el mercado nacional, sino también a nivel internacional.











