
En España vuelve a estar en discusión la deuda pública, que en 2025 alcanzó los 1,7 billones de euros. Esta cifra parece astronómica, pero la realidad es más matizada. A pesar del récord, la ratio de deuda sobre el PIB ha descendido hasta el 103,2%. Son dos décimas menos que el trimestre anterior y un punto completo por debajo del dato de hace un año. El gobierno central acumula la mayor parte de los compromisos —1,57 billones de euros— mientras que las comunidades autónomas han logrado reducir su pasivo en 4.000 millones, situándolo en 338.800 millones de euros.
Los economistas destacan que, tras la pandemia de COVID-19, cuando la deuda se disparó hasta el 121% del PIB, la situación se está estabilizando poco a poco. Sin embargo, el objetivo europeo del 60% del PIB parece inalcanzable a corto plazo. La cuestión no son las cifras absolutas, sino la capacidad del país para cumplir con sus compromisos. Si el pago de la deuda no supone una carga inasumible, no hay motivo de alarma. Pero basta perder el control para que incluso una deuda relativamente baja se convierta en un problema.
Factores de estabilidad
La estabilidad de la deuda pública depende de varios factores clave. El primero es el ritmo de crecimiento económico; cuanto más rápido crece la economía, más fácil resulta afrontar los pagos. El segundo factor es el costo de los préstamos, es decir, los tipos de interés. Para los hogares, esto es comparable a un aumento en las tasas de hipoteca: si los intereses suben, pagar se vuelve más difícil. El tercer elemento es el llamado déficit primario, la diferencia entre los ingresos y los gastos del presupuesto sin incluir los intereses de la deuda. Si un país gasta más de lo que ingresa, la carga de la deuda no hará más que aumentar.
En los últimos años, España ha mostrado un crecimiento moderado, lo que ayuda a contener el aumento de la deuda en relación con el PIB. Sin embargo, la situación en los mercados financieros puede cambiar en cualquier momento. Un aumento de los tipos de interés en la eurozona podría encarecer rápidamente el servicio de la deuda. En ese caso, incluso el nivel de endeudamiento actual podría volverse riesgoso.
Contexto europeo
Comparada con otros países de la Unión Europea, España no es el jugador más problemático, pero tampoco un modelo a seguir. Según datos de estadísticas europeas, Grecia (153%), Italia (138%), Francia (114%) y Bélgica (107%) siguen siendo los líderes en relación deuda/PIB. España, con un 103,2%, ocupa el quinto lugar, superando a Portugal (96%). Esto significa que el problema de la sostenibilidad de la deuda no es exclusivo de España, sino una tendencia general en el sur de Europa.
Sin embargo, los expertos coinciden en que las cifras absolutas no son tan relevantes como la capacidad del Estado para gestionar sus finanzas. Si la economía sigue creciendo y el presupuesto se mantiene bajo control, incluso una deuda elevada no resultará catastrófica. Pero basta con que el crecimiento se desacelere o suban los tipos de interés para que la situación cambie drásticamente.
Riesgos y desafíos
En los próximos años, España enfrentará pruebas importantes. El aumento del gasto social, el envejecimiento de la población y la necesidad de invertir en infraestructuras podrían incrementar la presión sobre el presupuesto. Al mismo tiempo, el endurecimiento de la política monetaria en Europa puede encarecer la financiación. En este contexto, incluso un leve deterioro de los indicadores económicos podría desencadenar un crecimiento acelerado de la carga de la deuda.
Por otro lado, España cuenta también con importantes fortalezas. Su economía sigue siendo bastante diversificada y los sectores exportadores muestran un crecimiento sostenido. Esto proporciona cierto margen de maniobra. Sin embargo, no hay lugar para el conformismo: la experiencia internacional demuestra que las crisis de deuda suelen surgir de manera repentina y evolucionar rápidamente.
Mirada al futuro
El actual nivel de deuda pública no es una condena, sino un reto para la política económica. España deberá encontrar el equilibrio entre la necesidad de invertir en desarrollo y la obligación de mantener las finanzas bajo control. En un contexto de inestabilidad global y subida de los tipos de interés, la tarea se vuelve especialmente compleja.
La cuestión sobre la sostenibilidad de la deuda actual sigue sin respuesta. Todo dependerá de cómo el país enfrente los nuevos desafíos. Una cosa es clara: no se puede ignorar el problema, pero tampoco es momento de caer en el pánico.












