
En Más Madrid termina toda una era. Con la salida de Pablo Gómez Perpinyà, el partido se despide definitivamente de la herencia de Íñigo Errejón. Perpinyà, quien durante años fue considerado la mano derecha del fundador, ha anunciado que deja su cargo como diputado y regresa a la docencia en derecho. Su decisión no es simplemente una dimisión más: representa un cierre simbólico para toda la línea política ligada a Errejón.
El partido, fundado en 2018 junto a Manuela Carmena, ha cambiado su rostro por completo en estos últimos años. Tras la marcha de Errejón a la política nacional y el ascenso de Mónica García, que consolidó su liderazgo durante la pandemia, la influencia de la vieja guardia se ha ido desvaneciendo rápidamente. Perpinyà, que fue una de las figuras más relevantes a nivel regional, terminó relegado a un segundo plano.
Pérdida de influencia
Las primeras señales de alerta se presentaron tras las elecciones de 2021, cuando Perpinyà perdió la presidencia de la Asamblea. Posteriormente, tras las elecciones de 2023, le comunicaron que no sería propuesto como senador y el puesto fue para Carla Antonelli. Para muchos, esto fue una señal clara: el partido se deshace de los afines a Errejón. El propio Perpinyà no ocultó su decepción, y su salida estuvo marcada por un visible enfriamiento en su relación con la dirección.
Oficialmente, la razón de su salida fue el regreso a la docencia en la Universidad de Extremadura (Universidad de Extremadura). Sin embargo, la carta de despedida publicada en redes sociales reveló muchas más emociones que las fórmulas secas de los comunicados oficiales. En ella, Perpiñá hablaba abiertamente de desacuerdos y desilusiones, además de insinuar el riesgo de que el partido se convierta en una herramienta de una sola persona. Estas palabras iban claramente dirigidas a Mónica García, quien ahora controla por completo la agenda política.
Fracturas internas
La marcha de Perpiñá no es la única ruptura sonada en Más Madrid en los últimos meses. En marzo de 2025, Loreto Arenillas también dejó su acta tras verse apartada por el escándalo relacionado con Errejón. En aquel momento, la intervención pública de Mónica García, Rita Maestre y Manuela Bergerot selló la ruptura definitiva del partido con su fundador y su entorno. Ese instante marcó un antes y un después, abriendo una nueva etapa en la historia del movimiento.
Desde entonces, Más Madrid ha estado reconstruyendo su estructura interna y buscando su lugar dentro de la coalición más amplia de Sumar. Viejos aliados de Errejón, como Jorge Moruno y Emilio Delgado, permanecieron formalmente en el partido, pero optaron por distanciarse del antiguo líder, especialmente tras las acusaciones de acoso. La influencia de Errejón y sus afines ha desaparecido casi por completo tanto en la toma de decisiones como en el ámbito simbólico.
Nuevas reglas del juego
Con la salida de Perpiñá termina no solo una trayectoria personal, sino también toda una época política. Dentro del partido ahora predomina la cautela: la dirección evita los conflictos abiertos y los enfrentamientos públicos. Incluso Mónica García, pese a su claro liderazgo, prefiere agradecer a los excompañeros y no avivar la polémica. Sin embargo, la tensión es palpable, especialmente entre quienes hasta hace poco se contaban entre los allegados más cercanos a Errejón.
Resulta significativo que Emilio Delgado, quien aspira a disputar el liderazgo en el futuro, manifestara públicamente su apoyo a Perpiñá y lo llamara amigo. No se trata solo de un gesto de cortesía, sino de una señal de que la lucha por el control interno dista mucho de haber finalizado. Aun así, hoy Más Madrid es una organización muy distinta, en la que ya apenas queda espacio para los viejos referentes y apellidos.
Fin de una época
Más Madrid sigue adelante, pero ya sin Errejón ni su equipo. El partido ha pasado definitivamente al control de Mónica García, quien se ha convertido en el rostro de la nueva izquierda madrileña. Los conflictos internos, el relevo generacional y las rupturas dolorosas subrayan la velocidad a la que cambia el panorama político. La marcha de Perpiñá no es simplemente un ajuste de personal, sino el punto final en la historia de uno de los grupos políticos más relevantes de los últimos años.












