
En la localidad catalana de Castellví de la Marca, los arqueólogos realizaron un descubrimiento sensacional: en una de las antiguas graneras, reconvertida en lugar de enterramiento, se halló casi completo el esqueleto de una mula cuya antigüedad se estima en unos 2.800 años. Este hallazgo es el más antiguo conocido hasta la fecha en Europa y la parte occidental del Mediterráneo. Hasta ahora se creía que este tipo de híbridos aparecieron en esta región mucho más tarde, ya bajo la influencia romana.
El esqueleto, compuesto por 712 huesos, fue descubierto en el complejo arqueológico de Hort d’en Grimau, situado en la región del Penedès, cerca de Barcelona. Según los expertos, el animal vivió al menos ocho años y fue enterrado junto con los restos cremados de una joven y con fragmentos de cerámica hecha a mano. Este inusual ritual funerario evidencia la importancia que tenía la mula para la sociedad antigua.
Antiguos híbridos
Las mulas —resultado del cruce entre yegua y burro— han acompañado al ser humano durante milenios. Sin embargo, hasta ahora no se habían encontrado evidencias tan antiguas de su presencia en la península ibérica. Este nuevo descubrimiento sugiere que el proceso de hibridación de animales domésticos comenzó en esta región antes de lo que los historiadores habían supuesto.
Los científicos han fechado el hallazgo entre los siglos VIII y VI antes de nuestra era, es decir, en la época en que los fenicios comenzaban a llegar activamente a la península ibérica. Según los investigadores, fueron ellos quienes pudieron haber introducido los burros en esta región, lo que permitió a los habitantes locales obtener por primera vez animales híbridos.
Detalles arqueológicos
El esqueleto de la mula fue hallado en un silo de cereales que posteriormente se utilizó como tumba. Junto al animal se encontraron huesos calcinados de una joven y piezas de cerámica hechas a mano. Esta composición del enterramiento indica una relación especial con el animal y, posiblemente, su significado ritual.
El análisis óseo reveló que el animal se utilizaba para el transporte de cargas. Se encontraron marcas de arnés en las mandíbulas y la estructura del esqueleto indica que la mula era empleada activamente en las labores agrícolas. Los estudios de ADN y análisis alimentarios sugieren que el animal fue criado localmente o traído de otras regiones.
Trabajo internacional
En la investigación participaron especialistas de las universidades de Barcelona, Toulouse, La Coruña y Extremadura. Gracias a su trabajo conjunto, no solo se pudo datar con exactitud el hallazgo, sino también conocer detalles sobre la vida y el uso de las mulas en la antigüedad.
Actualmente, el esqueleto se conserva en el Museu de les Cultures del Vi de Catalunya (Vinseum), donde puede ser visitado por cualquier interesado. El hallazgo ya ha despertado el interés de historiadores y arqueozoólogos, pues cambia la visión sobre la difusión de los animales domésticos y las redes comerciales de los pueblos antiguos.
Rastro fenicio
La llegada de las mulas a la península ibérica se asocia con las rutas comerciales de los fenicios, quienes exploraron activamente el Mediterráneo occidental. Estos pueblos no solo traían nuevos productos, sino que también favorecieron el intercambio de conocimientos y tecnologías, incluyendo métodos de cría de animales.
El hallazgo en Castellet de la Marca confirma que los animales híbridos eran una parte importante de la economía y posiblemente tenían un papel en rituales religiosos o funerarios. Las mulas se caracterizaban por su resistencia y capacidad para trabajar en condiciones áridas, lo que las hacía indispensables para los antiguos habitantes de la región.












