
Pepe, de 66 años, está de pie en la entrada de una tienda en la calle Bravo Murillo, en Madrid. Allí ha pasado noches a la intemperie e incluso fue agredido una vez. El lugar donde antes tenía su bar se convirtió en su refugio después de perder el trabajo y la vivienda. La pandemia destruyó todos sus planes: primero cerró el bar y luego desaparecieron los trabajos ocasionales como repartidor. Cuando se quedó sin dinero, Pepe terminó en la calle. No contó nada a su familia, esperando poder salir adelante solo. Pero, al verse sin techo, comprendió que salir de ese círculo es casi imposible. Las personas a las que alguna vez ayudó, ahora le pasaban de largo fingiendo no verle.
Junto a Pepe, en el documental que recientemente presentaron Richard Gere y su esposa Alejandra, participan otros tres españoles. Cada uno tiene su propia historia y un recorrido diferente hasta la calle. Todos comparten algo en común: ninguno imaginó que acabaría en esa situación. Según las organizaciones benéficas, en España hay actualmente unas 37.000 personas sin hogar.
Las primeras noches en la calle: miedo y soledad
Mamen, de 54 años y originaria de Málaga, se vio en la calle por primera vez a los 12 años. Su madre la echó de casa y la niña deambuló asustada y perdida por la ciudad durante la noche. Unos adolescentes desconocidos le llevaron mantas para abrigarse y le cantaron canciones para que dejara de llorar. Desde entonces, Mamen ha pasado más de veinte años sin un techo.
Javi, de 52 años, lo perdió todo tras el divorcio. Tenía dos trabajos, una hipoteca y pagaba la manutención de sus hijos, pero el dinero no alcanzaba, y un día terminó sentado en un banco del parque, sin poder creer que le estuviera pasando a él. Al principio parecía solo una pesadilla, pero los días se sucedieron y se acostumbró a esta nueva realidad. En total, Javi pasó más de cuatro años en la calle.
Latyr, de 52 años, llegó desde Senegal. Estudió en París y trabajó en Bruselas en proyectos para la Comisión Europea. Acabó en España a raíz de una estafa: unos amigos le pidieron ayuda para invertir, pero usaron un cheque falso. Mientras duraba la investigación, Latyr se quedó sin documentos ni dinero. Sin conocer a nadie en el país, se instaló en una tienda de campaña en un parque, temiendo por su vida y sin saber cómo salir de esa trampa.
Peligros y humillaciones: vivir al límite
Vivir en la calle significa miedo constante y una lucha diaria por sobrevivir. Mamen recuerda cómo vivía en una cueva entre ratas mientras trabajaba como cuidadora. Por las mañanas bajaba a la Cruz Roja para ducharse y por las noches volvía a su refugio. Pepe sabe de memoria dónde encontrar agua potable y baños públicos en Madrid. Para Javi, lo más importante era mantener una apariencia digna: podía pasar semanas sin comer, pero siempre procuraba estar limpio y afeitado. Trabajó en lo que pudo, incluso se disfrazó para espectáculos callejeros.
El peligro acecha en cada esquina. A Pepe, en una ocasión, lo golpearon cuatro jóvenes que regresaban de una discoteca. Desde entonces, empezó a levantarse más temprano para marcharse antes de su llegada. Javi estuvo a punto de ser envenenado: una anciana le llevó comida en la que había veneno para ratas. La técnica de laboratorio, a quien él le contó sus sospechas, mandó analizar la comida y así le salvó la vida.
Latir cayó gravemente enfermo: le diagnosticaron cáncer de pulmón y una forma severa de EPOC. El médico se negó a comenzar el tratamiento hasta que encontrara una vivienda, ya que la quimioterapia podría acabar con su vida en la calle. Mamen sufrió violencia y maltrato: a los 17 años quedó embarazada tras una violación, y después fue maltratada y humillada por sus esposos. En prisión le arrebataron a su hija, a quien no volvió a ver. En la calle, se enfrentó varias veces a intentos de violación, pero milagrosamente sobrevivió.
Momentos de luz: bondad entre la indiferencia
A pesar de todas las pruebas, los protagonistas también recuerdan momentos buenos. Mamen está agradecida a sus vecinas, que le llevaban el desayuno intentando no despertarla. Pepe pasó cinco días sin comer y, de repente, una desconocida le llevó comida casera. Una niña le regaló cinco céntimos; ese gesto todavía lo recuerda.
Para Javi, lo más importante fue conocer a la familia que le ofreció ayuda. Les ayudó a sacar los muebles, rechazó el dinero, pero desde entonces siempre se saludaban y conversaban con él. Eso le devolvió la autoestima. Javi y Pepe señalan que, después de tanto tiempo en silencio en la calle, incluso llegaron a perder la voz: la gente simplemente deja de hablar con las personas sin hogar.
Camino hacia una nueva vida: el reencuentro consigo mismo
Gracias al apoyo de organizaciones benéficas y servicios sociales, los cuatro lograron regresar a una vida normal. Pepe ahora tiene vivienda, solucionó sus deudas y la pensión, y ha restablecido la relación con su familia. Actualmente, intenta ayudar a otras personas sin hogar que encuentra en las calles.
Latir completó el tratamiento, se mudó a Córdoba con su novia y se prepara para comenzar a trabajar como traductor. Valora especialmente los pequeños placeres: poder ducharse o tomar un café por la mañana sin preocuparse de dónde hacerlo.
Mamen recibió formación y ahora trabaja en un hotel. Lleva dos años teniendo llaves de su propio piso — aún no cree que no sea un sueño. Javi trabaja como repartidor y pasea perros. Para él, la llave de casa es el símbolo de una nueva vida que estuvo a punto de perder.
Una encuesta reciente reveló que casi uno de cada diez habitantes en España ha dormido alguna vez en la calle o en un coche. La situación de calle puede afectar a cualquiera, basta con una serie de infortunios y el miedo a pedir ayuda. Por eso los protagonistas decidieron compartir sus historias: para recordar que nadie está a salvo de la adversidad.











