
Una tragedia ferroviaria en Adamuz ha conmocionado a toda España. Decenas de muertos, vagones destrozados y preguntas sin respuesta. Ingenieros que investigan lo ocurrido destacan dos hipótesis principales: un fallo crítico en la infraestructura ferroviaria o una grave avería técnica en el tren. Los expertos descartan de inmediato el error humano o el exceso de velocidad: los modernos sistemas de seguridad simplemente no permiten que algo así suceda.
El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, lo ha dejado claro: el factor humano no pudo causar la tragedia. Aunque en ese tramo opera el sistema LZB, menos avanzado que ERMTS, sigue garantizando un alto nivel de control. Según explicó, los sistemas automáticos habrían impedido cualquier exceso de velocidad u otros errores críticos por parte del personal.
Segundos antes de la catástrofe
Los expertos subrayan que, incluso si el sistema hubiera funcionado a la perfección, no hubo tiempo suficiente para evitar la colisión. El tren Iryo descarriló y, apenas 20 segundos después, un Alvia pasó a toda velocidad en sentido contrario. Detener un convoy así en tan poco tiempo es imposible: a 200 km/h se requiere al menos un minuto para frenar por completo. En estas circunstancias, ningún sistema de alerta habría podido evitar la tragedia.
El presidente del Colegio de Ingenieros, César Franco, subraya que el accidente se produjo en un tramo recto recientemente sometido a una reparación integral. El tren de Iryo acababa de superar una revisión técnica. Todo esto convierte lo ocurrido en un hecho aún más enigmático. El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó las circunstancias del suceso de «extrañas», y resulta difícil no estar de acuerdo.
Detalles técnicos
La atención de los especialistas se centra en los detalles: desde el análisis del estado de los pares de ruedas y la suspensión, hasta las propias vías. Según los ingenieros, los trenes pasan controles tan estrictos como los de la aviación. Cada elemento, desde las ruedas hasta los raíles, debe cumplir los estándares más exigentes. Sin embargo, incluso con este nivel de control, pueden existir defectos ocultos que no se detectan en las inspecciones habituales.
El ingeniero Ramiro Aurín destaca que los primeros cinco vagones cruzaron el tramo problemático sin incidentes, lo que podría indicar que la vía estaba en buen estado, al menos hasta cierto punto. No obstante, no se puede descartar una fractura repentina del metal o microfisuras que se manifestaran justo al pasar el sexto vagón. Especialmente considerando que el acero usado en la infraestructura, en ocasiones, falla debido a defectos de fabricación.
El enigma del sexto vagón
La versión que sitúa al sexto vagón como el punto de origen de la catástrofe cobra cada vez más fuerza. Es posible que el problema radicara en el tren de rodaje, como una avería en el bogie o la suspensión. Tampoco se descarta que en ese preciso momento se produjera una fractura en el carril, lo que habría provocado un brusco golpe lateral y el posterior descarrilamiento. Ingenieros señalan que incluso el defecto más pequeño en la zona de contacto entre la rueda y el riel puede desencadenar una tragedia a alta velocidad.
A la intriga se suman los informes de maquinistas que previamente habían señalado sonidos extraños al pasar por este tramo. Esto podría indicar la presencia de un microdefecto que, bajo presión, fue debilitando gradualmente el metal. En determinado momento, el material no resistió y se produjo la rotura que provocó el accidente.
Puntos críticos
Se presta especial atención al cambio de agujas, un elemento considerado tradicionalmente vulnerable en la infraestructura ferroviaria. Precisamente junto a la aguja se produjo el descarrilamiento. Ahora los especialistas examinan minuciosamente el estado de cada componente y fotografían cada detalle para reconstruir la cadena de eventos. No se descarta que aquí resida la clave para esclarecer lo sucedido.
Los investigadores cuentan con las llamadas “cajas negras” de los trenes, que registran todos los parámetros del movimiento y el funcionamiento de los sistemas. Su análisis podría responder a las preguntas que hasta ahora siguen sin respuesta. Sin embargo, ya está claro que la tragedia de Adamuz fue consecuencia de una cadena de coincidencias poco evidentes pero fatales, y no de negligencia o error humano.












