
El subdirector del servicio de emergencias de la Comunitat Valenciana (Generalitat Valenciana), Jorge Suárez, declaró como testigo en el caso sobre los sucesos ocurridos durante la devastadora dana de octubre de 2024. En la audiencia celebrada en el juzgado de Catarroja, explicó que las deliberaciones en el centro de coordinación Cecopi aquel día se prolongaron, lo que ocasionó un retraso en el envío de la alerta masiva a la población.
Según Suárez, la entonces responsable del departamento, Gabriela Pradas, insistía en que todas las decisiones, incluido el texto del mensaje de emergencia Es Alert, debían tomarse de forma colegiada. No obstante, Suárez recalcó que Cecopi es solo un órgano consultivo y no puede sustituir la dirección del plan de actuación, que ejecutaba directamente Pradas.
Aclaró que la discusión con el jefe del Consorcio de Bomberos, José Miguel Basset, y otro especialista sobre el contenido de la alerta no fue tan prolongada. Basset planteó dos objeciones: la posibilidad de generar pánico entre la población y la necesidad de consultar a un experto. Suárez añadió que se enteró de la primera víctima a través de Basset, y no por Pradas, quien notificó la tragedia solo a su jefe de gabinete mediante un mensaje.
Retraso en la alerta
Suárez afirma que propuso enviar una alerta a los residentes antes de la reunión de Cecopi, aproximadamente a las 17:15, cuando aparecieron imágenes de personas en los tejados en Utiel y Requena. Reiteró su propuesta a las 17:38, pero no recibió apoyo. Según él, ya por la tarde estaba claro que el número de víctimas mortales aumentaba y, alrededor de las 23:00, se activó el protocolo para víctimas masivas, a pesar de las declaraciones del presidente regional Carlos Mazón, quien sostenía lo contrario.
Según Suárez, la cuestión de imponer un confinamiento no se discutió en los borradores de los mensajes. Solo se trataba de pedir a las personas que permanecieran en sus casas, algo que muchos interpretaron como una invitación al autoaislamiento. En cuanto a la información sobre la situación en la zona de Barranco del Poyo, Suárez señaló que no recuerda que hubiera mensajes específicos sobre ese lugar, ya que se hablaba de varios municipios donde se produjeron incidentes.
Responsabilidad y decisiones
Suárez, el técnico de mayor rango en el Centro de Coordinación de Emergencias, volvió al trabajo tras sus vacaciones y acompañó a Pradas durante toda la jornada del 29 de octubre, así como en la reunión de Cecopi. Tanto él como Baseta son considerados por los políticos como figuras clave en la toma de decisiones en el momento crítico.
En cuanto al envío de la alerta Es Alert a las 20:11, cuando ya había numerosas víctimas, Suárez admitió que las discusiones se prolongaron. También señaló que el retraso se debió a que Pradas insistió en modificar el texto en valenciano. La jueza calificó la alerta de tardía y errónea, subrayando que, de haberse enviado antes, se podrían haber salvado vidas. Según la investigación, para el momento en que se envió la alerta, ya habían fallecido al menos 155 personas.
Cronología de los hechos
Durante el interrogatorio, Suárez describió en detalle cómo se desarrollaron los acontecimientos ese día. Ya en la segunda mitad de la jornada se recibían señales de alarma desde varios municipios, y las imágenes captadas desde los tejados en Utiel y Requena generaron las primeras propuestas de alerta masiva. Sin embargo, las decisiones se tomaban lentamente y recién por la tarde se activó el protocolo para la gestión de múltiples víctimas.
El proceso judicial continúa y el testimonio de Suárez se ha convertido en una parte clave de la investigación sobre las causas del retraso en la alerta de emergencia. Las preguntas sobre quién y por qué demoró la toma de decisiones siguen estando en el centro de atención tanto de los investigadores como de la opinión pública.












