
En España, la costumbre de dejar al perro en la entrada de una tienda o permitirle correr libremente por el parque durante mucho tiempo se consideraba durante años una parte inofensiva de la vida urbana. Sin embargo, con la adopción de nuevas normas establecidas en la Ley de Bienestar Animal, este comportamiento puede acabar costando a los propietarios pérdidas económicas considerables. Ahora, la falta de control constante sobre la mascota está sujeta a multas que pueden llegar hasta los 10.000 euros.
Esencia de las nuevas restricciones
La Ley de Bienestar Animal prohíbe expresamente dejar perros atados en la entrada de tiendas, farmacias u otros establecimientos comerciales, así como soltarlos para que paseen por espacios públicos sin supervisión directa. Por «supervisión directa» se entiende no solo estar cerca, sino acompañar visualmente y estar preparado para intervenir de inmediato ante cualquier situación imprevista.
Como señala Talent24h, estas medidas están dirigidas a prevenir conflictos entre animales, posibles ataques, golpes de calor, así como situaciones de estrés para los propios perros. La ley no contempla excepciones ni para visitas cortas a tiendas ni para parques vacíos: el criterio clave es la presencia y el control por parte del propietario.
Motivos para la introducción de las multas
La base de las nuevas normas es minimizar los riesgos para los animales y quienes los rodean. La ley subraya que incluso una ausencia breve del dueño puede acarrear consecuencias imprevisibles: desde una pelea con otro perro hasta un ataque de ansiedad o un golpe de calor. Por eso, ahora no se permite dejar a la mascota sin supervisión ni siquiera por unos minutos, independientemente de lo tranquilo que pueda parecer el animal.
Las autoridades también llaman la atención sobre los casos en que los perros quedan en terrazas u otros espacios abiertos sin vigilancia. Por estas situaciones también se prevén sanciones, lo que refuerza el enfoque general de garantizar la seguridad y el bienestar animal en el entorno urbano.
Importe y gradación de las multas
Según el artículo 76 de la ley, el incumplimiento de los requisitos de control sobre los animales conlleva multas de 500 a 10.000 euros. El importe mínimo se aplica en casos sin incidentes y si la infracción es considerada leve. Sin embargo, si la falta de control provoca un conflicto, un ataque u otra situación peligrosa, la cuantía de la multa puede aumentar considerablemente.
La ley no se limita a las situaciones frente a tiendas o en parques: cualquier caso en que el perro quede sin una supervisión directa en un espacio público se incluye en las nuevas normas. Esto aclara y concreta la responsabilidad de los propietarios.
Reacción de los dueños de perros
A pesar del endurecimiento de las exigencias, muchos dueños de perros siguen actuando por costumbre. Algunos reconocen que siguen dejando a sus mascotas en la entrada del supermercado, justificándolo como un acto de cuidado hacia el animal o una breve ausencia. Otros creen que soltar al perro sin correa es aceptable si no hay personas cerca y están dispuestos a utilizar la correa solo cuando lo consideran necesario.
Sin embargo, las nuevas normas ya están en vigor y ahora incluso unos minutos sin supervisión pueden acarrear graves consecuencias económicas. La ley no distingue entre situaciones «seguras» y «peligrosas»; la responsabilidad surge por el mero hecho de que el animal esté sin vigilancia directa.
Cómo evitar una multa
Para no enfrentarse a sanciones y no poner en riesgo a su mascota, se recomienda a los dueños cumplir estrictamente con las exigencias legales. Esto significa que el perro debe estar siempre a la vista y bajo control, y cualquier intento de dejarlo solo —aunque sea por poco tiempo— puede conllevar una multa.
Es recomendable que los dueños descarten la costumbre de atar al perro en la entrada de una tienda o dejarlo pasear sin correa en lugares públicos. El control y la disposición a intervenir de inmediato son condiciones clave que ahora determinan no solo la seguridad del animal, sino también el bienestar económico de su propietario.
En definitiva, las nuevas normas están cambiando los hábitos cotidianos y exigen a los dueños de perros una mayor responsabilidad. Ignorar estos requisitos puede salir caro: las multas de hasta 10.000 euros han dejado de ser una amenaza teórica y ya son una realidad para quienes no estén preparados para los cambios.












