
En Barcelona se intensifica el debate sobre el futuro de los autobuses interurbanos en el centro de la ciudad. Las autoridades municipales han anunciado planes para crear nuevas estaciones de autobuses en las afueras, en las zonas de plaza Espanya, Sagrera y la Diagonal. El objetivo principal es reducir drásticamente el flujo de autobuses interurbanos que llegan diariamente al centro y descongestionar calles como Ronda Universitat, que durante años prácticamente ha funcionado como una estación de autobuses abierta.
Restricciones para los autobuses
La primera teniente de alcalde de Barcelona, Laia Bonet, confirmó en una entrevista a EL PAÍS que las autoridades tienen la intención de retirar los autobuses del centro. Esta decisión ha provocado una reacción contundente por parte de los operadores: los representantes de la Federación Fecav consideran que los autobuses pasan a tener el estatus de “transporte de segunda categoría”. En su opinión, si se prohíbe a los autobuses llevar pasajeros hasta el centro, mientras que el metro y los trenes siguen haciéndolo, esto llevará a la discriminación y al aumento del uso del coche privado.
La situación se ha complicado en el contexto de la crisis continua de Rodalies: debido a las interrupciones en el servicio ferroviario, el número de trayectos diarios en autobús ha aumentado de 6.000 a 7.000. Según Laia Bonet, unas 270.000 personas utilizan los autobuses a Barcelona y desde Barcelona cada día. Sin embargo, la infraestructura actual no soporta este volumen, y decenas de autobuses siguen deteniéndose directamente en las calles.
Los vecinos exigen cambios
Los vecinos de Ronda Universitat, donde en 350 metros de acera se encuentran más de 50 paradas de autobús, llevan años quejándose del ruido, la contaminación del aire y las colas constantes. Según los residentes, la situación solo ha empeorado: los autobuses pasan cada 10 minutos y las aglomeraciones de gente y la basura se han vuelto parte habitual del paisaje. Algunos destacan que las autoridades y la Generalitat perdieron la oportunidad de construir una estación de autobuses subterránea en la plaza Glòries para aliviar el centro.
Activistas de la plataforma Eixample Respira reconocen que no han estudiado el tema en profundidad, pero se sorprenden de que las autoridades trasladen simultáneamente la estación de autobuses de Sants y a la vez anuncien su apoyo a la intermodalidad. En la zona de Sagrada Familia también se registran quejas por ruido y contaminación debido a la concentración de autobuses.
Transportistas y políticos, en contra
Los transportistas temen que las nuevas restricciones perjudiquen a los pasajeros habituales, que van al trabajo y no pueden permitirse un coche eléctrico. La líder de ERC y candidata a la alcaldía de Barcelona, Elisenda Alamany, declaró que mientras el transporte público no funcione de manera estable, las restricciones deben aplicarse solo a los autobuses turísticos y no a los que usan los vecinos.
Plataformas vecinales, como SOS Ronda Universitat, registran a diario el crecimiento del número de autobuses y consideran que la situación se volvió crítica precisamente después de las incidencias en Rodalies. Según ellas, ni siquiera la ampliación de las aceras ha solucionado el problema: la calle sigue pareciendo una estación de autobuses improvisada.
Contexto y nuevas tecnologías
Las autoridades de Barcelona continúan buscando soluciones para los problemas de transporte de la ciudad. Recientemente, en la capital catalana se inauguró un polígono de pruebas único para el 6G, que, según los expertos, podría cambiar el enfoque hacia la innovación urbana y la infraestructura. Más detalles sobre la apertura de este centro en el reportaje sobre nuevas tecnologías en Barcelona.












