
Esta noche en Sevilla se formó una larga fila junto a los muros de la basílica. Al amanecer, el número de personas que querían ver a La Macarena, restaurada a su estado original, superó el centenar, y la afluencia seguía creciendo. A las seis de la mañana se abrieron las puertas del templo y, por primera vez en meses, los fieles pudieron volver a venerar la famosa imagen, retirada del altar en agosto para una restauración urgente. El motivo fue un intento fallido de restauración llevado a cabo en verano, tras el cual el rostro de la Virgen quedó desfigurado y la ciudad se sumió en debates y desilusión.
La espera fue larga, pero para muchos representó una prueba de fe y devoción. La gente soportó el frío para asegurarse de que su imagen venerada recuperara su aspecto habitual. La restauración estuvo a cargo de Pedro Manzano, quien personalmente informaba a los feligreses sobre los avances. En una carta, confesó que cada jornada ante la imagen fue para él un acto de responsabilidad y respeto por una tradición centenaria. Su objetivo era devolver a la estatua esa expresividad que generaciones de creyentes han considerado fuente de consuelo y esperanza.
Reacción de los fieles
Dentro de la basílica, la emoción desbordó a los presentes. Los gritos de «¡Esperanza, guapa!» y «¡Viva!» resonaron en la sala cuando los fieles vieron por primera vez a la renovada Macarena. En sus rostros se leían alivio y alegría, muy diferentes de la confusión y las lágrimas con las que muchos abandonaron el templo en junio al no reconocer la imagen habitual. Hoy solo se escuchaba una frase: «¡Ha vuelto!»
En junio, la hermandad encargó la restauración a Francisco Arquillo, profesor de la Universidad de Sevilla, quien había trabajado durante años en la conservación de esta imagen. En ese momento, solo se pretendía un mantenimiento superficial, pero el resultado sorprendió a todos: unas pestañas excesivamente largas y una pintura inusualmente clara cambiaron por completo la expresión del rostro. Los intentos de solucionar la situación con urgencia —primero recortando las pestañas y luego llamando a un joven maestro para corregir el color— solo empeoraron el problema.
Crisis y cambios
En los días siguientes, comenzaron a producirse dimisiones en la hermandad y se solicitó la evaluación de expertos del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) para valorar el estado de la imagen. Su informe resultó preocupante: además de las desafortunadas alteraciones en los párpados y los ojos, se detectaron rastros de plagas y una grieta que recorría todo el rostro. También se supo que la intervención afectó a las manos y a las lágrimas de la imagen, y que los métodos empleados modificaron su forma original.
Pedro Manzano tuvo que enfrentarse a un complejo conjunto de problemas. A diferencia de los intentos anteriores, esta vez el proceso fue totalmente transparente: cada mes se publicaban vídeos con los avances y una comisión especial de expertos supervisaba los trabajos. Entre las fases destacaron el tratamiento contra plagas en una cámara especial sin oxígeno, la retirada de elementos metálicos innecesarios, la recuperación del color y una minuciosa limpieza de los párpados y lágrimas.
Atención al detalle
Antes de devolver la estatua a su lugar original, los restauradores realizaron inspecciones finales. La Macarena fue ubicada en diferentes puntos del templo para evaluar cómo incidía la luz sobre ella y cómo se apreciaba cada detalle. Durante el proceso, notaron que el ojo derecho estaba un poco más abierto que antes y corrigieron el defecto retirando el exceso de material en el párpado.
Recientemente, la hermandad celebró elecciones para renovar su junta directiva, y ahora sus líderes buscan no repetir los errores del pasado. A juzgar por la reacción de los fieles, han logrado recuperar la confianza y la esperanza. La Macarena restaurada volvió a ser un símbolo para miles de personas que, desde primeras horas de la mañana, se acercaban a su imagen.
Historia y significado
La Macarena no es solo una reliquia religiosa. Para Sevilla es parte de su identidad, un objeto de devoción y un símbolo cultural que une a diferentes generaciones. Su regreso tras acontecimientos tan dramáticos se convirtió en una auténtica celebración para la ciudad. Las personas compartieron sus emociones, fotografiaron la estatua, relataron sus impresiones y recordaron cómo habían sufrido por el destino de la imagen durante todo este tiempo.
La restauración de La Macarena es un ejemplo de la importancia de proteger el patrimonio histórico y atender la voz de la sociedad. Ahora que la estatua ha recuperado su lugar, Sevilla retoma su ritmo habitual y los fieles pueden volver a acudir a su símbolo de esperanza y consuelo.
Si no lo sabía, La Macarena es una de las vírgenes más veneradas de España. Fue creada en el siglo XVII y se conserva en la basílica de la Macarena en Sevilla. Sus procesiones anuales reúnen a decenas de miles de peregrinos y turistas. La Hermandad de la Macarena es la organización religiosa más antigua de la ciudad y desempeña un papel fundamental en la vida cultural y espiritual de la región. La restauración de la imagen se ha convertido en un acontecimiento importante no solo para los creyentes, sino para toda Sevilla.












