
Punto final judicial en la historia del complejo turístico de la isla
En España ha finalizado una larga batalla legal en torno al gran complejo turístico Isla de Valdecañas, en Extremadura. El Tribunal Constitucional del país rechazó de forma unánime la última de las tres demandas presentadas, confirmando así la orden de demolición total del recinto. Esta demanda fue presentada por los ayuntamientos de El Gordo y Berrocalejo, en cuyos términos municipales se encuentra la isla artificial de más de 130 hectáreas.
Antes, reclamaciones similares fueron presentadas por las autoridades regionales y asociaciones de propietarios, pero todas fueron desestimadas. Los jueces no encontraron motivos para revocar el veredicto del Tribunal Supremo, que ya en 2022 declaró la construcción ilegal y ordenó devolver el terreno a su estado original.
Cómo se desarrolló el conflicto en torno a la exclusiva urbanización
La historia de este proyecto comenzó a mediados de los años 2000, cuando en la orilla del embalse de Valdecañas se construyeron villas, un hotel, campos de golf y un club náutico. El complejo se hizo rápidamente popular entre la élite española: aquí adquirieron propiedades conocidos políticos, empresarios y artistas. El precio medio de una villa superaba el medio millón de euros y las viviendas llegaban a medir hasta 270 metros cuadrados.
Sin embargo, desde el principio el proyecto generó protestas de ambientalistas, quienes denunciaban la violación de la legislación medioambiental. En 2011, un tribunal regional declaró inválida la licencia de construcción y, tres años después, el Tribunal Supremo ratificó esta decisión. En 2021 se ordenó la demolición de todas las estructuras inacabadas y la conservación temporal de los edificios en funcionamiento. Pero tras una nueva apelación, el Tribunal Supremo exigió el desmantelamiento completo.
Consecuencias para la región y los implicados en el conflicto
Los procedimientos judiciales estuvieron marcados por acusaciones de vulneración del derecho a la defensa, dilatación del proceso y abuso de autoridad por parte de los jueces. Los ayuntamientos y los propietarios trataron de impugnar las resoluciones alegando pérdidas económicas y perjuicios para los presupuestos locales. Sin embargo, el Tribunal Constitucional no encontró fundamento para admitir sus reclamaciones.
Ahora la región debe afrontar un complicado proceso de demolición, mientras que los inversores tendrán que asumir las pérdidas. El futuro de este territorio sigue siendo incierto: unos temen una recesión económica, otros confían en la recuperación del equilibrio natural. Lo que está claro es que la era del lujo vacacional en la isla de Valdecañas ha llegado a su fin.












