
En Cataluña, desde el inicio de la semana, se registra una afluencia sin precedentes de migrantes que buscan obtener el certificado de vulnerabilidad social, un documento clave para iniciar el proceso de regularización según las nuevas normas. Según informa El País, solo en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), la cola frente al recinto ferial La Farga alcanzó las 5.000 personas en la mañana del lunes. Muchos llegaron incluso durante la noche para no perder la oportunidad de ser atendidos.
Según estimaciones de las autoridades municipales, al mediodía solo se logró atender a un tercio del total de personas a la espera, alrededor de 1.500. Al resto se les entregaron turnos para los próximos días. La principal razón de la avalancha es la reciente modificación de la ley de regularización, que exige obligatoriamente el certificado de vulnerabilidad emitido en el lugar de empadronamiento.
Falta de información y temor a no llegar a tiempo
Entre los presentes hay personas de diferentes países y con diversas experiencias de estancia en España. Muchos se quejan de la escasez de información y de los plazos ajustados. Robert, que lleva un año en España tras trasladarse desde Polonia, señala que la exigencia del nuevo documento se conoció apenas hace unos días. Según él, preocupa el riesgo de no poder completar toda la documentación antes de que termine el plazo de presentación: «El sistema puede no soportar tal afluencia».
En la cola también estaban Víctor y Larisa, procedentes de Brasil. Llegaron al país en otoño y ahora intentan obtener el certificado necesario a través del ayuntamiento. Larisa, que realiza estudios de posgrado en medicina en la Universidad de Barcelona, admite que fue difícil entender el procedimiento: «Prácticamente no hay información, y nos enteramos del propio certificado por casualidad». Víctor, que trabaja en un supermercado sin contrato oficial, espera que, con la regularización, pueda conseguir estabilidad y protección en el mercado laboral.
Dificultades para los trabajadores y colas en otras ciudades
Otros solicitantes también señalan problemas para encontrar empleo y la falta de garantías. Amparo, de Bolivia, espera junto a su hermano que la regularización le permita dejar el extenuante horario de trabajo como limpiadora y acceder a unas condiciones de vida más tranquilas. En las oficinas municipales de otras ciudades, como Figueres, las colas para obtener documentos y certificados no han disminuido desde la semana pasada. Hay una demanda especial por el certificado histórico de empadronamiento, que confirma una larga residencia en España. Los empleados de las oficinas se ven obligados a anunciar a diario el fin de la atención al público por falta de turnos.
Saadia, marroquí de 34 años, vive en España desde hace siete, pero por la falta de papeles no puede trabajar ni siquiera como costurera, su especialidad. Señala que, sin un estatus legal, no puede ni trabajar ni visitar a sus padres en su país de origen.
Errores y restricciones según el lugar de residencia
Muchos solicitantes temen que cualquier error o la falta de un documento necesario lleve a la denegación de la regularización. Representantes del Ayuntamiento de L’Hospitalet subrayan: el certificado de vulnerabilidad solo se emite en el lugar de empadronamiento oficial, sin embargo, algunas personas llegan desde ciudades cercanas sin conocer esta restricción. Las autoridades se ven obligadas a aclararlo directamente en las filas.
La situación con la afluencia masiva por documentos recuerda al reciente colapso en los archivos eclesiásticos de Cataluña, cuando miles de solicitantes intentaron obtener extractos para tramitar la ciudadanía — una agitación similar ya se había registrado en Barcelona y Lérida.
Según El País, Cataluña lidera actualmente en número de solicitudes de regularización. Las autoridades regionales advierten: si el flujo de solicitantes se mantiene, los servicios municipales podrían enfrentarse a una sobrecarga importante y retrasos en la tramitación de documentos.











