
En la antesala de Sant Jordi, ha estallado una polémica en Barcelona en torno al comercio ilegal de rosas. Los floristas de la ciudad denuncian el desplazamiento masivo del sector profesional por vendedores particulares que aparecen solo durante un día y se llevan una parte significativa de la recaudación. Según el presidente del gremio de floristas, Joan Guillem, de los 25 millones de euros que genera anualmente la venta de rosas, 15 millones escapan de los puntos oficiales. Esto, afirma, debilita la posición de los negocios legales y pone en duda el futuro de la profesión.
Importación y escasez de rosas locales
La situación se complica porque, de los siete millones de rosas que se venden en la celebración, solo 20.000 se cultivan en Cataluña. Las demás provienen principalmente de Colombia. Guillem lo atribuye a que en la región se priorizó la construcción sobre la conservación de tierras agrícolas. Las autoridades reconocen que, incluso en los mejores años, los productores locales no podrían cubrir la demanda, debido tanto al cambio climático como a la falta de relevo generacional en el sector.
Reclamos de regulación
El gremio de floristas insiste en reducir el número de licencias para vendedores particulares y reclama una regulación estricta. Los floristas profesionales subrayan, sin embargo, que no se oponen a la venta de rosas por parte de estudiantes u organizaciones sin ánimo de lucro cuando existe un fin social. Según Guillem, estas iniciativas no son vistas como competencia, pero el mercado debe estar protegido de los vendedores ocasionales que desaparecen tan pronto termina la fiesta.
Cambios en las normas y control
Este año, las autoridades municipales refuerzan el control sobre el comercio ilegal. El año pasado, la policía confiscó 2700 rosas vendidas ilegalmente, trabajando con patrullas especializadas solo en este tema. Ahora también cambia el sistema de multas: si antes los infractores podían obtener un descuento del 75% por pago rápido, ahora la multa mínima será de 180 euros y el descuento se reduce al 50%. Como destaca El País, estas medidas buscan reducir el atractivo del comercio ilegal y apoyar al negocio legal.
Reubicación de los puestos y debate público
Este año, debido a obras en La Rambla, los principales puntos de venta de rosas y libros se han trasladado a Portal de l’Àngel y a la Plaza de la Catedral. Esto ha generado tensión entre los participantes del mercado y ha provocado nuevos debates sobre el futuro de la festividad. Las autoridades subrayan la importancia de apoyar a los gremios profesionales para que las nuevas generaciones los perciban como una parte relevante de la vida urbana. Disputas similares sobre la masificación y los símbolos de la fiesta ya se han planteado en la región, por ejemplo, en el artículo sobre la reacción a las declaraciones de Eduardo Mendoza, que se puede encontrar en este enlace.












