
La situación en torno al grupo religioso «Hijas del Amor Misericordioso» (HAM) en Madrid se ha convertido en uno de los temas más debatidos de las últimas semanas. Para España, no se trata solo de un conflicto interno de la Iglesia, sino de la vida de jóvenes cuyas familias exigen cambios y la protección de sus derechos. Las consecuencias podrían afectar no solo a los miembros de la organización, sino también a todo el sistema de supervisión de asociaciones religiosas en el país.
En el último mes, cinco integrantes de HAM abandonaron la casa en Los Molinos, lo que dio pie a nuevas investigaciones. Según El País, tres de ellas notificaron oficialmente su salida del grupo al Arzobispado de Madrid. Esto sucedió en medio de múltiples denuncias sobre normas estrictas, presión psicológica y restricciones a la libertad. Como resultado, el arzobispado suspendió temporalmente a la líder de la comunidad, María Milagrosa Pérez Caballero, conocida como Marimi, y detuvo la incorporación de nuevos miembros.
Investigaciones y consecuencias
El futuro de HAM ahora se decide a nivel del Vaticano. Tras una investigación interna, el tribunal eclesiástico recomendó cerrar el grupo debido a graves irregularidades detectadas. Paralelamente, la fiscalía y la policía llevan a cabo sus propias pesquisas, incluyendo sospechas de prácticas sectarias y abusos. Según señala El País, en caso de disolución, será necesario decidir el destino de los bienes y el futuro de más de un centenar de integrantes.
Familias de antiguos y actuales miembros de HAM denuncian un estricto control dentro de la comunidad, donde las jóvenes sufren agotamiento emocional y físico. Los padres relatan casos en los que a sus hijas les cambiaron el nombre, les restringieron el contacto con el mundo exterior e incluso les administraron medicamentos sin supervisión médica. Algunas madres cuentan que sólo pueden comunicarse con sus hijas una vez al mes, y todas las cartas y llamadas son filtradas por la dirección.
Normas internas y críticas
HAM fue fundada en 1983 y reconocida oficialmente como iglesia en 2007. Desde entonces, la organización ha crecido hasta alcanzar los 120 miembros, la mayoría mujeres jóvenes menores de 30 años. Además del grupo femenino, existe una sección masculina y un círculo de simpatizantes entre familiares y amigos. Formalmente, HAM se dedica a la oración y prácticas espirituales, pero en los últimos meses han surgido denuncias sobre abusos de límites personales, manipulación e incluso intentos de ‘corregir’ la orientación sexual, algo prohibido por la legislación española.
Dentro de la comunidad impera una disciplina estricta: las participantes visten igual, siguen horarios rígidos y cualquier duda o pregunta se interpreta como una debilidad. Según russpain.com, estos métodos son propios de grupos religiosos cerrados donde el líder ejerce un control casi absoluto sobre los miembros.
Reacción de la iglesia y la sociedad
La Arquidiócesis de Madrid nombró a un administrador provisional para HAM e inició una revisión de los estatutos, la estructura de gobierno y los flujos financieros. Sin embargo, las familias de las víctimas consideran insuficientes estas medidas y exigen la disolución total de la organización. En una carta al Papa León XIV, describieron casos de presión psicológica, aislamiento y violaciones de derechos, y pidieron acciones contundentes.
La situación evoluciona de manera diferente en otras regiones de España. Por ejemplo, la Arquidiócesis de Toledo ya prohibió a HAM operar en su territorio. Mientras tanto, en Sevilla y otras ciudades continúan las inspecciones, y la policía investiga posibles delitos en el marco del código penal.
Contexto y casos similares
En los últimos años, España ha enfrentado varios escándalos de alto perfil relacionados con asociaciones religiosas acusadas de prácticas sectarias y violaciones de los derechos humanos. En 2024, se clausuró un grupo similar en Valencia tras la intervención de la fiscalía. En Cataluña y Andalucía también se registraron casos en los que exmiembros de organizaciones religiosas denunciaron presiones psicológicas y restricciones a la libertad. Estos hechos subrayan la necesidad de un control más estricto sobre estas entidades y la protección de los derechos de sus integrantes.












