
Con la llegada del otoño y la proximidad del Día de Todos los Santos, en Aragón resurge el interés por uno de los lugares más enigmáticos y sobrecogedores de la región. A los pies de la majestuosa montaña Moncayo, ocultas entre el denso follaje de árboles centenarios, reposan las ruinas de un edificio cuya historia se ha convertido en leyenda urbana. Se trata del antiguo sanatorio antituberculoso de Agramonte, que pasó de ser un símbolo de esperanza para los enfermos a un punto de peregrinación para los amantes de lo oculto.
Cada año, decenas de buscadores de emociones fuertes acuden a esta zona, atraídos por los relatos sobre su oscuro y perturbador pasado. Sin embargo, las autoridades y los expertos insisten en advertir sobre el peligro de acceder al interior de los edificios semiderruidos. La estructura está muy deteriorada y supone un riesgo real para la vida, mucho mayor que cualquier fantasma. Por ello, se recomienda limitar la visita a un paseo por los pintorescos alrededores y admirar la inquietante fachada desde la distancia.
La ironía del destino es que, en un principio, este lugar fue concebido con otros fines. En los años 30 del siglo pasado, aquí se planeaba construir un hotel de lujo para que los visitantes pudieran disfrutar del aire puro de la montaña. Sin embargo, la Guerra Civil modificó esos planes. Tras el establecimiento de la dictadura de Franco, las tierras fueron expropiadas y el edificio inacabado se transformó en un sanatorio para pacientes con tuberculosis. El cuidado de los enfermos quedó a cargo de las hermanas de la Congregación de la Misericordia de Santa Ana, con apoyo financiero por parte de uno de los mayores bancos de ahorro de la región.
Durante cuarenta años, el hospital fue refugio para quienes no podían costearse un tratamiento caro. Cerró sus puertas en 1978, cuando el sistema nacional de seguridad social asumió los gastos de lucha contra la enfermedad. Desde entonces, el enorme edificio, tras pasar por varios propietarios, no ha encontrado una nueva función. Se va desmoronando poco a poco bajo el peso de la naturaleza en pleno corazón del parque nacional: sus muros están cubiertos de grafitis y en el interior aún se distinguen las líneas del antiguo diseño.
Precisamente este abandono ha dado origen a numerosas historias estremecedoras. Alrededor del sanatorio circulan rumores sobre sonidos inexplicables grabados en cinta, sombras que se deslizan por los pasillos y voces que parecen llegar de otro mundo. El lugar se hizo tan famoso que incluso equipos de televisión especializados en fenómenos paranormales pusieron su atención en él. Algunos visitantes afirman que sus cámaras han captado siluetas extrañas, mientras que otros creen que entre estos muros los mitos, las supersticiones y los recuerdos trágicos se entrelazan de forma singular.
De día, las ruinas enmarcadas por el paisaje forestal transmiten una escena melancólica y casi pintoresca. Pero al caer el crepúsculo, cuando el silencio y la niebla cubren el valle, el lugar se transforma y solo los más valientes se atreven a perturbar su calma. La combinación entre una historia real, la decadencia absoluta y las leyendas populares ha convertido el antiguo sanatorio en uno de los destinos más solicitados para visitar en vísperas de Halloween, donde el pasado médico está irremediablemente unido al imaginario folclórico.












