
En 2025, la empresa estadounidense Blue Origin anunció cambios significativos en su programa de lanzamientos espaciales. Sus ingenieros tienen previsto desarrollar un nuevo cohete superpesado, cuyas prestaciones se acercarán a las de los líderes del sector. Este movimiento responde al rápido avance de los competidores y a las crecientes demandas del mercado de lanzamientos espaciales.
En los últimos diez años, el sector ha experimentado una auténtica revolución: las empresas privadas comenzaron a utilizar etapas reutilizables, lo que redujo considerablemente el coste de los lanzamientos. SpaceX fue la primera en implementar con éxito esta tecnología, y ahora Blue Origin busca no solo igualar ese éxito, sino también aportar soluciones propias.
Cambios técnicos y nuevas ambiciones
El actual cohete pesado New Glenn puede transportar hasta 45 toneladas de carga útil a la órbita baja. Sin embargo, la compañía planea aumentar esta cifra a 70 toneladas en los próximos años. Para lograrlo, los ingenieros de Blue Origin han rediseñado el cohete: la primera etapa contará con nueve motores de hidrógeno en vez de siete y la segunda, con cuatro en lugar de dos. Esta nueva configuración se denomina 9×4, a diferencia de la actual 7×2.
También habrá cambios en otros aspectos. El diámetro de la cofia se incrementará a 8,7 metros, lo que permitirá lanzar satélites y módulos de mayor tamaño. El empuje de los motores BE-4 aumentará hasta 2,85 meganewtons y, en la segunda etapa BE-3U, se incrementará en una cuarta parte. Gracias a estas mejoras, el cohete podrá enviar más de 20 toneladas en una trayectoria hacia la Luna.
Cambio de estrategia y nuevos desafíos
En los últimos años, Blue Origin se ha visto obligada a redefinir sus prioridades. Mientras la compañía trabajaba en una primera etapa reutilizable, SpaceX ya realizaba pruebas con el Starship completamente reutilizable. Para no quedarse atrás, Blue Origin apostó por aumentar la potencia y la capacidad de carga de sus lanzadores.
Entre los objetivos de este nuevo cohete se encuentran el lanzamiento de grandes constelaciones de satélites, el apoyo a misiones lunares y la realización de encargos militares. En particular, se estudia la posibilidad de utilizar el cohete para poner en órbita la nave Orion, que actualmente solo despega con el costoso e ineficiente SLS.
Retos y perspectivas
A pesar de los ambiciosos planes, los expertos señalan que cumplir los plazos anunciados será extremadamente difícil. Blue Origin existe desde el año 2000, pero su primer lanzamiento orbital tuvo lugar recién en 2025. Desarrollar un cohete superpesado basado en el diseño actual en solo dos años es un desafío que requiere recursos y experiencia considerables.
En la empresa se produjeron cambios en la dirección: asumió el cargo un directivo procedente de Amazon, ajeno a las tradicionales compañías aeroespaciales. Esto puede aportar un nuevo impulso al desarrollo, pero también genera dudas sobre la experiencia técnica del nuevo liderazgo. A diferencia de Elon Musk, que participa personalmente en las decisiones de ingeniería, el nuevo jefe de Blue Origin aún no ha demostrado ese compromiso.
Competencia y el futuro del sector
Aún no está claro si Blue Origin podrá implementar una segunda etapa completamente reutilizable, que es la principal ventaja del Starship. Sin ello, será difícil competir con SpaceX en el mercado comercial. Sin embargo, la compañía podría apostar por contratos estatales y programas militares, donde los requisitos de coste y eficiencia difieren de los comerciales.
En los próximos años, el mercado de lanzamientos espaciales vivirá una nueva ola de competencia entre gigantes privados. El éxito de Blue Origin en el desarrollo de un cohete superpesado podría cambiar el equilibrio de poder y abrir nuevas oportunidades para la exploración lunar y el espacio profundo.











