
La contribución de las mujeres que trabajaron en los talleres de Balenciaga durante mucho tiempo permaneció en la sombra. Hoy, el museo Cristóbal Balenciaga les devuelve el merecido reconocimiento, reuniendo valiosos testimonios y materiales que transforman la visión sobre la alta costura en España. El proyecto «Las manos que cosen» es fruto de años de trabajo dedicados a rescatar los nombres e historias de quienes estuvieron detrás del atelier.
Desde 2014, el equipo del museo, liderado por Igor Uría, recopila recuerdos, fotografías, cartas y objetos vinculados al trabajo de los talleres en San Sebastián, Madrid, Barcelona y París. Un lugar destacado ocupan los testimonios en vídeo de antiguas modistas, grabados por Itxaso Díaz. Muchas de estas mujeres entraron en los talleres siendo adolescentes y relatan las estrictas normas, tradiciones y el ambiente que reinaba en la casa Balenciaga. Sus relatos ofrecen una nueva perspectiva sobre los procesos que definieron los estándares de calidad y el estilo único de la marca.
Mujeres en los talleres
Entre 1917 y 1968, más de dos mil personas pasaron por los talleres de Balenciaga. La mayoría eran chicas jóvenes, conocidas como «las chiquitas». Solo se aceptaban candidatas recomendadas por familiares que ya trabajaban en la casa, lo que garantizaba gran confianza y cohesión entre el equipo. Las chicas tenían la posibilidad de confeccionar su propio vestido de novia siguiendo el patrón de la colección del año anterior, pero nunca de los modelos en curso.
El trabajo en los talleres exigía no solo destreza, sino también total entrega. Balenciaga supervisaba personalmente la calidad de las piezas, revisando los resultados incluso después de que el personal se marchaba. Si el resultado no estaba a la altura de sus expectativas, la prenda se desmontaba y rehacía. Según ex trabajadoras, esta manera de trabajar forjó en ellas la búsqueda de la perfección y la atención al detalle, hábitos que han mantenido toda su vida.
Esfuerzo y reconocimiento
Muchas modistas empezaron como aprendices y poco a poco fueron ascendiendo a cargos oficiales. Sin embargo, un ascenso no siempre significaba un aumento salarial, lo que generaba descontento y, en ocasiones, renuncias. A pesar de ello, la mayoría de las mujeres se sentían orgullosas de su experiencia en Balenciaga y la consideraban una parte fundamental de su vida. Algunas abandonaron los talleres al casarse, ya que en esa época no se incentivaba que las mujeres casadas siguieran trabajando, sobre todo en determinados círculos sociales.
El proyecto del museo sigue sumando nuevas historias y materiales. Actualmente se están realizando grabaciones en Barcelona y los organizadores esperan reunir un panorama lo más completo posible sobre la vida y el trabajo de todos quienes contribuyeron a la creación de las colecciones de Balenciaga. La atención se centra no solo en las modistas, sino también en las aprendices, planchadoras, maniquíes, pruebas y vendedoras, cuyos nombres rara vez aparecieron en los registros oficiales de la casa de moda.
Mirada femenina a una época
Los testimonios recopilados reflejan no solo el día a día profesional, sino también las realidades sociales de la época: relaciones laborales, normas de género, valores y sueños de las mujeres que trabajaban en Balenciaga. Estos materiales ofrecen una ventana única a la vida cotidiana de un periodo que normalmente se describe desde la perspectiva de las élites y clientes famosos. Según RUSSPAIN.COM, iniciativas como esta permiten comprender en mayor profundidad cómo se formó la moda española y el esfuerzo que respaldó su éxito.
Muchos investigadores consideran que este material podría servir de base para un documental que permitiría conocer la historia de la moda desde la mirada de quienes la crearon con sus propias manos. Por ahora, el proyecto permanece como un archivo online, pero su relevancia para la memoria cultural de España ya es evidente.
Cristóbal Balenciaga es uno de los diseñadores más influyentes del siglo XX, cuyas colecciones marcaron el rumbo de la moda europea. Sus talleres en España y Francia formaron a miles de mujeres, muchas de las cuales dedicaron su vida al trabajo con la aguja y los tejidos. Durante mucho tiempo, el papel de estas modistas pasó desapercibido, pero hoy sus historias constituyen una parte esencial del legado de Balenciaga y de la cultura española.












