
Si la mañana comienza con una lucha, y no con energía, incluso después de ocho horas de sueño, y los pensamientos quedan atrapados en la niebla, impidiendo concentrarse, la causa podría ser la falta de cafeína o de fuerza de voluntad. Cada vez más especialistas hablan de la “neuroinflamación”, un proceso silencioso pero destructivo en el cerebro. A esta amenaza invisible para el bienestar mental ha dedicado su nuevo libro, “Tu cerebro está inflamado”, Elena Garrido, reconocida especialista española en nutrición funcional y psico-neuro-inmuno-endocrinología (PNIE).
Su interés por este tema nació de una experiencia personal. Años de lucha con problemas digestivos, alteraciones hormonales y enfermedades autoinmunes la llevaron a comprender el enorme papel de la alimentación. Al darse cuenta de cómo la comida influye no solo en el cuerpo, sino también en la claridad mental, decidió dedicarse a la nutrición para ayudar a quienes enfrentan dificultades similares.
El enemigo invisible en nuestra mente
¿Por qué la neuroinflamación ha pasado desapercibida durante tanto tiempo? El problema reside en su carácter oculto. Este proceso no se detecta en análisis de sangre estándar ni en imágenes simples. Sus manifestaciones—fatiga, problemas de concentración, dolores de cabeza, cambios de humor—son demasiado vagas. Es fácil atribuirlas al ritmo de vida moderno, al estrés o al envejecimiento. La medicina tradicional, acostumbrada a tratar síntomas específicos por separado, a menudo pasa por alto que todas estas molestias pueden tener un origen común: un proceso inflamatorio.
Se puede identificar al enemigo por señales indirectas. “Niebla mental”, cambios de ánimo sin motivo aparente, fatiga crónica que no desaparece con el descanso, alteraciones del sueño: todo esto son señales de alerta. También se incluyen síntomas físicos, como dolores de cabeza frecuentes o problemas digestivos, ya que el eje “intestino-cerebro” juega aquí un papel clave.
¿Qué echa más leña al fuego?
Los principales desencadenantes de la inflamación cerebral son los alimentos que conforman la base de la dieta moderna. El azúcar y la harina refinada provocan picos bruscos de glucosa. Los aceites refinados, abundantes en los productos ultraprocesados, aportan grasas de baja calidad y alteran la microbiota intestinal. La conexión entre el cerebro y otros sistemas del cuerpo es enorme. Por ejemplo, la piel y el cerebro están estrechamente relacionados. Los procesos inflamatorios en el sistema nervioso alteran el equilibrio hormonal y aceleran el envejecimiento metabólico, lo que se manifiesta en mayor sensibilidad de la piel, acné o eccema.
Incluso las tecnologías pensadas para mejorar nuestra vida pueden resultar perjudiciales. El uso constante de las redes sociales afecta negativamente la atención y la memoria. El mecanismo de recompensa inmediata y la información fragmentada dificultan la concentración y la asimilación de conocimientos. Es importante utilizar los dispositivos como aliados, pero evitando la sobrecarga informativa y la comparación constante con los demás.
Camino hacia la recuperación: pasos prácticos
Los alimentos con efecto opuesto actúan como antídoto. Verduras ricas en antioxidantes, pescado graso, frutos secos, aceite de oliva virgen extra y especias como la cúrcuma ayudan al organismo a combatir la inflamación. Un simple cambio en la dieta puede hacer maravillas: estabilizar los niveles de azúcar en sangre y eliminar la ‘comida basura’ devuelve la claridad mental, la energía y el buen estado de ánimo. Sin embargo, a veces la dieta no es suficiente.
Uno de los factores clave para reducir la inflamación es activar el nervio vago. Este estimula el sistema nervioso parasimpático, ayudando al cuerpo a relajarse y recuperarse. Prácticas sencillas como la respiración profunda o incluso una ducha caliente pueden favorecer la claridad mental. Para regular el sistema nervioso, también son útiles la acupresión, el contacto con la naturaleza, paseos y una buena higiene del sueño. En cuanto a la actividad física, es importante un enfoque consciente. Hay que encontrar un equilibrio entre el esfuerzo y el descanso, combinando ejercicios de fuerza, cardio y recuperación. Esto ayuda a estabilizar la glucosa y reducir la inflamación.
Quienes sufren de fatiga constante deben entender que no es algo con lo que deban conformarse. Estos síntomas son una señal del cuerpo de que se necesitan cambios. Se puede empezar por pequeños pasos: desayunar proteínas en lugar de azúcar, caminar a diario, priorizar el sueño y practicar la respiración profunda. Comprender que cuerpo y mente son inseparables da esperanza. Esta visión integral de la salud permite no solo combatir los síntomas, sino recuperar el verdadero bienestar, mostrando compasión hacia uno mismo y hacia los demás.












