
El verano de 2025 marcó para Carla Goyanes, hija de la reconocida socialité Cari Lapique, un periodo de regreso paulatino a la vida pública. Exactamente un año después de haber sufrido pérdidas devastadoras en su familia, reapareció en un evento social organizado por Uber Eats en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. A pesar de una leve lesión en la pierna, que según ella misma la obligó a «cojear durante varios días», Carla encontró la fuerza para asistir a la velada. Al hablar con la prensa, confesó que el verano pasado estuvo lleno de altibajos emocionales, aunque ha hecho todo lo posible por mantener una actitud positiva y alegre. Su principal motivación, como recalcó, son sus hijos: hay muchos en la familia y merecen ver felices a sus seres queridos.
El recuerdo de los acontecimientos de agosto de 2024 sigue estando muy presente. En aquellos días, con solo unos pocos días de diferencia, Carla perdió a dos de las personas más cercanas de su vida. Su padre, Carlos Goyanes, falleció a los 79 años en su casa de Marbella. La causa fue un infarto repentino que lo sorprendió mientras dormía. Poco después, también murió su hermana, Caritina, que tenía apenas 46 años. Una trágica coincidencia: su corazón también se detuvo de forma inesperada durante unas vacaciones. Esta doble tragedia supuso una prueba muy dura para toda la familia.
Frente a un abismo de desesperación, Carla se vio ante una elección que formuló con total claridad: dejarse consumir por el dolor o reunir fuerzas y seguir adelante. Eligió lo segundo. En sus reflexiones compartió que en la vida queda aún demasiada belleza por la que vale la pena luchar. Su principal apoyo fueron los niños, tanto los suyos como sus sobrinos. Está convencida de que estos maravillosos pequeños en su familia no deben ver cómo su madre se rinde ante las circunstancias.
Vivir una pérdida tan profunda es un proceso complejo y personal. Los especialistas en psicología subrayan que el objetivo no es ‘superar’ el duelo, sino aprender a convivir con la ausencia del ser querido, integrando esa pérdida en la vida. No existe una receta universal, pero hay métodos que pueden aliviar el dolor. Es fundamental permitir que las emociones fluyan: llorar, enfadarse, recordar momentos felices e incluso reír. Hablar de la propia pena, ya sea con un amigo o escribiendo en un diario, ayuda a estructurar los sentimientos y a evitar el aislamiento. Pequeños rituales, como encender una vela o mirar fotografías, mantienen el vínculo con quien se ha ido. También es necesario aceptar que las emociones serán inestables y no reprocharse en los días en que el dolor regresa con fuerza. En esos momentos, cuidar las necesidades básicas — dormir, alimentarse, caminar — cobra especial importancia.
Expertos advierten sobre el riesgo de desarrollar lo que se conoce como «duelo complicado», que puede manifestarse incluso años después. Para evitarlo, es fundamental desde el principio encontrar una salida saludable al dolor. Hace un año, Carla encontró esa salida en emotivos mensajes publicados en redes sociales. Dirigiéndose a su padre, escribía sobre el vacío inimaginable que él dejó y sobre lo maravilloso que fue como padre y abuelo. Le agradecía por todo y destacaba que partió en paz, rodeado de su familia. En las palabras dedicadas a su hermana se percibía confusión y dolor por la inesperada pérdida. Carla reflexionaba sobre los muchos planes que compartían y no podía creer que sus charlas y abrazos ya quedaran en el pasado. En ese mismo mensaje, prometió a su hermana ser fuerte y cuidar de sus hijos como si fueran propios.
El apoyo profesional puede ser clave en el proceso de sanar. La propia Carla confirmó que este año la terapia le resultó de gran ayuda, siguiendo con atención las recomendaciones recibidas. Psicólogos señalan que su objetivo no es borrar el sufrimiento, sino crear un espacio seguro donde la persona pueda expresar todo lo que siente sin miedo al juicio. El trabajo con el duelo no consiste en intentar olvidar. Se trata de un largo camino para transformar la relación con quien ya no está, y recorrerlo en soledad puede ser increíblemente difícil.












