
En España, muchos conductores eligen entre discos de freno perforados y ranurados para mejorar la eficacia de frenado. Sin embargo, no todos saben que algunos talleres ofrecen discos perforados que en realidad son discos sólidos a los que se les han hecho agujeros, lo que aumenta el riesgo de que se agrieten y fallen.
Los discos perforados no están diseñados para mejorar la ventilación, como se suele pensar. Su función principal es acelerar la evacuación de los gases que se generan al calentar las pastillas de freno durante frenadas intensas. Esto ayuda a mantener el rendimiento del sistema de frenos a altas temperaturas.
No obstante, estos discos presentan inconvenientes. Los agujeros pueden llenarse rápidamente de polvo proveniente de las pastillas, reduciendo su eficacia. Además, existe el riesgo de que aparezcan grietas, especialmente en la zona central del disco, donde la temperatura es más alta. Estos daños pueden provocar la rotura del rotor.
Los discos ranurados también facilitan la evacuación de gases y, además, limpian la superficie de las pastillas, evitando su cristalización. Esto mejora la adherencia en las primeras frenadas. Sin embargo, no previenen la aparición de grietas, igual que los perforados.
El término “cracking” se refiere a la aparición de grietas en los discos de freno ocasionadas por cargas térmicas. Estos daños son especialmente peligrosos, ya que pueden provocar la rotura de la pieza y comprometer la seguridad en la carretera.
En cuanto a la inspección técnica (ITV), tanto los discos perforados como los ranurados están permitidos para su uso. Los problemas surgen solo si se aumenta el tamaño de los discos, lo que exige una certificación obligatoria antes de la revisión.












