
En Barcelona ha surgido una nueva polémica en torno al estadio Narcís Sala después de que la Unió Esportiva Sant Andreu consiguiera el ascenso a la Primera Federación. La victoria sobre el Reus FC Reddis le dio al club el tan esperado regreso a la tercera división tras 18 años, pero al mismo tiempo reavivó el problema del cumplimiento de las estrictas exigencias de la liga por parte del estadio.
Exigencias de la liga y postura del club
Según el reglamento de la Federación de Fútbol de España, para participar en los partidos de la Primera RFEF el campo debe tener césped natural y el estadio una capacidad mínima de 3.000 espectadores. Si bien el Narcís Sala no presenta problemas con el aforo, la superficie sigue siendo un obstáculo: en la actualidad el campo tiene césped artificial. La directiva del Sant Andreu y el ayuntamiento llevan varias semanas discutiendo posibles soluciones, pero el presidente del club, Manuel Camino, es contundente: el equipo no tiene intención de abandonar su estadio.
La experiencia de los vecinos y dificultades de infraestructura
La situación recuerda a las dificultades que tuvo el C.E. Europa el año pasado, cuando tras lograr el ascenso tampoco pudo conseguir una excepción al reglamento y se vio obligado a disputar sus partidos en casa en el Can Dragó. En el caso del Sant Andreu el proceso es algo más sencillo: no hay aparcamiento debajo del estadio como en el Nou Sardenya, y en el pasado el Narcís Sala ya tuvo césped natural. El club también ha anunciado una inversión de 100.000 euros en la modernización de la infraestructura, incluyendo la iluminación y la renovación de los vestuarios, lo que debería facilitar una eventual transición al césped natural.
Posibles compromisos y riesgos para la afición
El Ayuntamiento de Barcelona no descarta la opción de que ambos clubes compartan estadio, citando la experiencia de equipos europeos, aunque aún no hay una decisión definitiva. Si el Sant Andreu se traslada a Can Dragó, surgirá un nuevo problema: el aforo del estadio está limitado a 3.000 plazas, mientras que el club ya cuenta con 5.300 socios, por lo que muchos podrían quedarse sin la posibilidad de asistir a los partidos. Representantes de la administración municipal destacan que buscan equilibrar las exigencias de la liga con los intereses de los vecinos, y también llaman a revisar las normas sobre el césped considerando factores ecológicos y económicos.
Impacto en los equipos juveniles y femeninos
El cambio a césped natural podría complicar los entrenamientos de los equipos juveniles y femeninos del club, que actualmente utilizan un campo artificial. Las autoridades y el Sant Andreu siguen buscando alternativas para no perjudicar a ninguna de las secciones. Como señala El País, el debate continúa y la decisión final depende del acuerdo de la federación y de las posibilidades de la ciudad.
Las cuestiones de infraestructura y de cumplimiento de los requisitos de la liga se vuelven cada vez más relevantes para los clubes españoles. Conflictos similares ya se han dado en otras regiones: por ejemplo, recientemente se discutió la situación por el cambio de estadio tras una gran victoria del Alianza Lima, lo que se analizó en detalle en el artículo sobre el cambio de líder en el Torneo Apertura.












