
Las familias españolas enfrentan un notable aumento de gastos debido al conflicto en curso entre Estados Unidos, Israel e Irán. El precio del combustible, la electricidad y los productos básicos ya ha subido, afectando directamente el nivel de vida y la estabilidad económica del país. Expertos advierten que, si la situación se prolonga, las consecuencias para la economía española podrían ser aún más significativas.
Combustible y energía
El primer impacto notable ha sido el incremento de los precios de la gasolina y el diésel. Según Funcas, en poco tiempo el coste de llenar el depósito de un coche medio ha subido unos 20 euros, y el gasto anual por familia en combustible ha aumentado en 225 euros. Si la tensión en el mercado petrolero continúa, el precio por litro podría acercarse a los 2 euros y los gastos adicionales en combustible alcanzarían los 400 euros al año. Electricidad y gas en España, por el momento, suben menos que en otros países europeos, pero el Banco Central Europeo ya estudia escenarios en los que el gas supere los 100 euros por megavatio-hora.
El Gobierno español ha reducido temporalmente el IVA sobre los combustibles y la energía del 21% al 10% hasta finales de junio, y mantiene beneficios fiscales para electricidad y gas. Sin embargo, estas medidas deben ser aprobadas por el Congreso y, si se eliminan, los costes para los hogares aumentarán aún más. El presidente Pedro Sánchez anunció la intención de acelerar el desarrollo de energías renovables para reducir la dependencia exterior y mitigar los efectos de la crisis energética.
Precios de los alimentos e inflación
El aumento de los precios de la energía se reflejó rápidamente en los costes del transporte y la producción agrícola. Esto provocó un encarecimiento de los alimentos, especialmente de frutas y verduras, cuyo precio subió casi un 6% en marzo. Según la OCU, el coste medio de la cesta de la compra alcanzó el récord de 320,78 euros al mes. Muchas familias aún no han recuperado su poder adquisitivo tras las anteriores olas de inflación, y la nueva subida de precios agrava aún más la situación.
Las previsiones macroeconómicas también empeoran. Según los cálculos de Funcas, la inflación en marzo podría llegar al 3,6% y superar el 4% en los próximos meses. Si la crisis energética se prolonga, el nivel medio anual de inflación continuará por encima de lo previsto. La Cámara de Comercio de España ha revisado a la baja su previsión de crecimiento del PIB para 2026: en caso de que el conflicto se siga extendiendo, el crecimiento podría desacelerarse un 0,3% adicional y la inflación subir medio punto más. Los analistas de BBVA Research también señalan que la incertidumbre en los mercados globales ha aumentado y que el desarrollo de la guerra será clave.
Demanda interna y apoyo
La caída de los ingresos reales provoca una reducción de la demanda interna. Cuando aumentan los precios del combustible, la electricidad y los alimentos, las familias disponen de menos recursos para otros gastos. Esto afecta a las empresas y al crecimiento económico general. Para mitigar el impacto, el Gobierno ha aprobado un paquete anticrisis que incluye ventajas fiscales y ayudas a los sectores más vulnerables. No obstante, la eficacia de estas medidas dependerá de su aprobación en el Parlamento y de la evolución de la situación en Oriente Medio.
El mercado inmobiliario todavía muestra una reacción menos intensa, pero si la inflación se mantiene por más tiempo, la esperada bajada de las tasas hipotecarias podría no producirse. Esto encarecería los créditos y reduciría la demanda de viviendas. Expertos creen que una caída notable de los precios de la vivienda solo sería posible en caso de una crisis prolongada, mientras que, a corto plazo, el aumento del coste de los materiales de construcción podría incluso encarecer las viviendas nuevas.
Contexto y eventos similares
En los últimos años, España ya había enfrentado olas inflacionarias provocadas por choques externos, como la pandemia y la crisis energética de 2022. Entonces, el alza de los precios del gas y el petróleo también encareció bienes y servicios, y el gobierno adoptó medidas de apoyo temporales. Escenarios similares se registraron en otros países europeos, donde la dependencia de las importaciones energéticas volvía las economías vulnerables ante conflictos internacionales. Ahora la situación se repite, pero la magnitud y la rapidez de los cambios son aún más significativas, lo que exige nuevas soluciones y una rápida adaptación.











